sábado, 16 de septiembre de 2017

¿Qué son los espornosexuales?

Marita Alonso
https://elpais.com/elpais/2017/09/12/tentaciones/1505237564_350872.html

Fotografía: Frank Verbreyt
Cuando el periodista Mark Simpson asistió en 1994 a una exposición It´s a Men´s World, se dio cuenta de que la vanidad masculina había salido por fin del armario. Para celebrarlo, o mejor dicho, para poder hacer alusión a este nuevo hombre, acuñó el término metrosexual. Pero este neologismo se le quedó corto cuando firmas como Armani mostraron al mundo a sus modelos en actitudes marcadamente sexualizadas; hombres procedentes del mundo del deporte que se atrevían a posar convertidos en el reflejo del imaginario de Tom Finland. No era difícil imaginar a los compañeros de vestuario de Cristiano Ronaldo soltarle pullas por sus sexuales poses en calzoncillos ante la mirada y lente de Mr. Armani, algo que antaño ya hiciera David Beckham como baluarte de la metrosexualidad. La diferencia es que Ronaldo se erigía entonces como el icono de la espornoscopia, término creado, de nuevo, por Mark Simpson. Al igual que fue Beckham el que logró que ese miedo presente en los noventa en la mente masculina por ser tildados de homosexuales -¡cómo si ser gay fuera un insulto!- desapareciera, Cristiano hizo que los hombres comenzaran a preocuparse por cuidar su imagen y por comprar ropa y productos cosméticos de forma casi tan asidua como las mujeres.

Fotografía: Frank Verbreyt
La espornoscopia es la segunda generación de metrosexuales y la conforman hombres más preocupados por sus cuerpos que por la ropa. Sus cinceladas siluetas aparecen bañadas de tatuajes y sus casi arquitectónicos peinados son fruto de horas frente al espejo. Sus cuerpos son ahora los accesorios, no los complementos per-se. La espornoscopia llevó el deporte a la cama y lo volvió marcadamente sexual. Cuando en Inglaterra los realities Jersey Shore y Georgie Shore llevaron a estos nuevos hombres a la pequeña pantalla, tuvimos que esperar a que Gandía Shore los introdujeran en la parrilla televisiva patria para ver este desfile de Kens cargados de testosterona. Mujeres, Hombres y Viceversa se ha convertido hoy en el escaparate de los espornosexuales, que no dudan en ceñir sus cuerpos en prendas XS pensadas para presumir de las horas de gimnasio necesarias para lograrlos. “Afortunadamente, la visión de los gays ha cambiado mucho, y ahora muchos heterosexuales los ven como un referente a seguir. Se han convertido en la imagen del buen gusto. Creo que los heterosexuales utilizan ahora esta estética como una nueva carta con la que ligar más. Como a las mujeres les encantan los gays, han pensado que parecerse a ellos es buena idea. Es curioso que mientras que ahora los heteros siguen este camino, los gays masculinizan cada vez más su estética”, explica el estilista Xevi Fernández.
Fotografía: Frank Verbreyt
“Supongo que en las cabezas (coronadas por cincelados tupés, marcadas rayas laterales y demás estudiadísimos peinados) de los tronistas todo va encaminado, en lo que a imagen externa se refiere, a mostrar una hipermasculinidad cercana a la de los superhéroes de los cómics. De ahí los pantalones ceñidos como mallas de ballet, las camisetas y jerséis empotrados en los bíceps y los escotes superlativos que dejan poco a la imaginación. Todo muy lógico, si piensas en las horas que invierten en sus gimnasios. La paradoja reside en que para conseguir su objetivo, buscan sus referencias en estéticas que ellos mismos, no hace demasiado tiempo, seguramente consideraban marcadamente “gays”. Tampoco esto es nada nuevo, y ya sucedió con los pendientes, los cosméticos y muchos otros elementos, ahora plenamente asentados en el guardarropa masculino”, asegura el estilista Oscar Guimarey. “Tratando de ponerme en la piel de los estilistas que trabajan en este programa, supongo que hacen como hacemos todos a la hora de vestir a alguien: procurar pulir, si es necesario exagerar y si no existe, inventar una personalidad que resulte atractiva y “televisiva”; para ello coges de aquí y de allá, un poco de lo que te da el personaje, un mucho de lo que ves en la calle y otro poco de lo que tú mismo crees que puedes aportarle, siempre encaminado a conseguir darle al público lo que quiere ver. Y ahí es donde se mezcla lo hetero con lo gay, lo moderno con lo pijo, lo vulgar con lo elegante y eso es lo que hace que el resultado pueda ser interesante”, concluye.

Fotografía: Frank Verbreyt
La finalidad de Mujeres, Hombres y Viceversa es encontrar pareja, pero por supuesto, también tener un revolcón -o varios- en el camino. Y es ahí donde un porno relajado se introduce en la televisión, con miradas lascivas y toqueteos moderados guiados por bíceps fornidos y bronceados UVA. Mientras que Xavi Fernández señala que los gays masculinizan sus looks frente a la “homosexualización” de la estética de los tronistas masculinos, Guimarey señala una nueva inversión de los papeles en este reality. “Lo que me resulta más llamativo de todo este “fenómeno” es el hecho de que parece que se hayan invertido los papeles: estos chicos, cada vez más preocupados por su imagen, depilados, repeinados, pendientes de cada detalle de su look, no parecen buscar en sus compañeras femeninas lo mismo. No es que ellas sean feas, ni que no se cuiden, pero sí parecen tener una actitud más relajada, ¿no? Parece como si ellos, para acentuar su “perfección” buscaran compañeras “relativamente normales”.

Fotografía: Frank Verbreyt
Esta situación se refleja precisamente en el reality inglés Love Island, la versión anglosajona de nuestro MHYV llevada al paraíso. Una de sus concursantes, Chloe Crowhurst, se quejaba de la actitud de sus compañeros masculinos. “Los chicos son mucho más vanidosos que nosotras. Se meten en los probadores y se hacen con los espejos para armarse de secadores y planchas para alisar el pelo. Se depilan el cuerpo entero, ¡incluso los brazos y los dedos! Ni siquiera yo hago eso”. De hecho, uno de los concursantes preferidos por los propios concursantes masculinos es un peluquero que les peina y les hace la manicura, y que despierta la envidia e ira de los que no disfrutan de sus servicios. Recordemos que estamos hablando de hombres heterosexuales. Lo divertido es que cuando las mujeres se encuentran la estampa dibujada por sus pretendientes pintándose las uñas, gritan “¡Vinimos a encontrar hombres! ¿Qué demonios ha pasado?”. Lo que ha pasado, queridas, es la espornoscopia.

Fotografía: Frank Verbreyt
Una de las cosas que más llaman la atención de la pulcra estética de los tronistas masculinos y de los concursantes del reality inglés es el uso de jeans tan ceñidos que parecen convertirse en una suerte de segunda piel. Este fenómeno se repite ahora más que nunca en el look de los asiduos al gimnasio. El hashtag #Legday se repite incesantemente en Instagram, con 10.326.762 publicaciones en las que muchos hombres presumen de cuádriceps enfundados en mallas dignas de Billy Elliot y en jeans que antaño solo veríamos factibles en las piernas de Kate Moss. Pero la nueva Kate Moss es hoy un hombre musculoso que quiere que las sentadillas y las zancadas luzcan un orgullo sus resultados. Las ventas de los jeans pitillo masculinos se han disparado en firmas como Asos, Topshop y Selfridges. Una marca emerge con fuerza propia en el universo de los pantalones ceñidos, que encuentra en el boxeador Conor McGregor a su mayor exponente. Hablamos de Hera, una firma cuyos pitillos lograrán 10 millones de libras a finales de año. Su fundador, Ash White, quiso crear unos pantalones ultraskinny tras tener que acudir al departamento femenino para dar con jeans que encajaran con sus gustos.

Fotografía: Frank Verbreyt
Los asiduos de la firma adoran especialmente los modelos ripped, cuyos bajos doblan en muchas ocasiones. Una estética digna de Primavera Sound que ahora cambia los minis de cerveza por shakers de batidos proteicos. Curiosamente, uno de los modelos de la marca es Stephen James, un tatuado top que lleva tiempo convertido en el preferido de las firmas hipster y que ahora se suma a la oleada del jean-marca-cuádriceps con sello gym. Por llamarle de alguna forma, podríamos decir que se suma a la oleada de los gym-jeans.

Fotografía: Frank Verbreyt
El público indie ya tuvo que lidiar con los comentarios de hombres que los señalaban entre risas por la calle por llevar pantalones ceñidos. Lo curioso es que ahora son los que antaño se reían de los pantalones skinny los que buscan cada vez más firmas que abracen los músculos del tren inferior, aunque para ello recurran a marcas como Hera, cuyos tejidos están pensando para adaptarse a músculos hulkianos. Mientras tanto, los papeles vuelven a invertirse, y los hipsters abrazan la moda del chandalismo y la tendencia athleisure. “Siempre he pensado que los gays y los modernos son los que se hacen primero con las tendencias. El resto se ríe de ellos, pero termina por llevar las mismas prendas cinco años después. Venimos de la moda de vestir hiperceñidos y ahora abrazamos la estética oversize, procedente de Rusia, y los asiduos al gimnasio parecen no enterarse y adoptan ese furor por la segunda piel. Pero créeme: la moda es cíclica y en unos años volverán a invertirse los papeles y se pondrán de nuevo el chándal. Este proceso responde a esta idea de que los gays y los hipsters son los primeros en atreverse con lo nuevo, con las últimas tendencias”, asegura la estilista Cris Quer.

Fotografía: Frank Verbreyt
Músculos, tupés, bronceados y prendas ceñidas son ahora las armas de los musculitos y de los espornosexuales, y los gimnasios y los realities destinados a encontrar pareja en clave Mediaset son sus nuevas pasarelas. Dentro de unos años, veremos si los músculos reclaman comodidad y espacio o si continúan exigiendo un escaparate en el que presumir de cuadríceps cual Batman cargado de aminoácidos. Porque los pitillo que lucen estos superhéroes urbanos están más cercanos a esta estética en la que se exaltan los rituales de gimnasio que a los que Hedi Slimane impusiera en su andadura por Dior Homme. Tal vez haya llegado el momento de hacernos camisetas que aboguen por la liberación de los músculos, o tal vez baste con esperar unos años y dejar que el curso de la moda siga su camino.
Fotografía: Frank Verbreyt

lunes, 11 de septiembre de 2017

Deneuve en Belle de jour, 50 años entre el erotismo y la moda

El Telégrafo

Fotografía: Peter Coulson
El modisto francés Yves Saint Laurent y su leal zapatero, Roger Vivier, fueron los responsables de un estilo moderno y duradero que crearon a la medida de la entonces gran estrella del cine francés, Catherine Deneuve, en su rol de mujer infiel en Belle de jour. La película de Luis Buñuel, un filme surrealista, erótico y elegante al mismo tiempo, mostró la vida de una mujer burguesa que soñó con trabajar en un burdel y acabó llevándolo a la realidad. 

Belle de jour fue, además, el comienzo formal de las colaboraciones estilísticas entre Saint Laurent y Deneuve hasta la desaparición del modisto.

La colaboración de estos tres íconos franceses hizo su aparición en la pantalla grande en el Festival de Cine de Venecia conocido como la Mostra, hace 50 años y causó alboroto en una sociedad ‘progresista’.

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Con la intención de convertir el filme en un clásico mundial, Buñuel y Saint Laurent convencieron a Deneuve para que llevara vestidos de un largo a la rodilla, algo impensable en una época en la que la minifalda hacía estragos. Pero, acertadamente, escogieron un corte de vestidos y un largo de ropa que aún sigue vigente, consiguiendo el propósito de que Séverine —Deneuve en la película— se convirtiera en un ícono de elegancia que perdure hasta hoy. 

La clásica modernidad de Saint Laurent quedó latente para siempre. Para ello fue clave el tono que Buñuel quería darle a una película de temática revolucionaria: deseaba tratar el erotismo femenino de un modo sutil y poco explícito, para lo que necesitaba que el personaje de Séverine estuviera bien vestido y sin desnudos demasiado evidentes. El glamur que Yves Saint Laurent ideó para Deneuve la revestía con estricto primor, ya fuese en prendas interiores, vestidos camiseros o abrigos cortos. En las escenas de dormitorio hizo de la faja y el soutien-gorge un par de prendas modernas de gran carga sensual. 

Fue la mejor maniquí para los rígidos vestidos negros con cuello y puños blancos, que tanto han influenciado la moda posterior: desde Miu Miu a Valentino o Vuitton han retomado el look Señorita Rottenmeier. 

Fotografía: Peter Coulson
La colección de vestidos rectos a la rodilla, con mangas a la sisa inspiró y sigue inspirando a las grandes casas de la moda, desde Courrèges a Chanel, pasando por Valentino o Calvin Klein. 

Los vestidos camiseros con lazada al cuello han sido recuperados por Diane von Furstenberg o Tommy Hilfiger, que los han sabido hacer suyos. 

Los abrigos entallados, cosidos casi sobre el cuerpo de la Deneuve, han dado días de gloria a decenas de firmas, como Gucci o Burberry, que han retomado la idea sin rubor. 

Los zapatos de hebilla cuadrada, el modelo pilgrim inspirado en los zapatos de los peregrinos de hace siglos, fue un éxito de Roger Vivier que permanece en la retina de todos.

Fotografía: Peter Coulson
En los labios 

La estética personal de Catherine Deneuve en el filme también fue motivo de inspiración. De hecho, ahora existe una línea de labial que lleva por nombre Belle de jour. 

Los labios anaranjados de Séverine Serizy, su cabello voluminoso y sus uñas en rosa pálido, casi infantil, hicieron que el maquillaje de la diva en 1967 siga de actualidad como el look que usa la cantante Taylor Swift. 

Desde Belle de jour, el estilo chic aburguesado ha quedado para siempre representado con los atuendos de apreski (botas con pieles) de la Deneuve; asimismo, sus inocentes faldas de tenis blancas, las camisas de corte safari, los guantes de cuero marrón, las prendas monocromáticas, los cinturones de cadenas de oro, las gabardinas ajustadas, las gafas de concha, las botonaduras militares y los abrigos de Saint Laurent se han quedado en la industria de la moda. 

Fotografía: Peter Coulson
Polémica erótica 

Una joven pareja da un romántico paseo por el parque subida en un auto. Él intenta seducirla, pero ella lo rechaza. Entonces él, enfurecido, detiene el auto y ordena a los criados que arrastren a su esposa hasta el apartado de un parque para que allí la aten y la azoten en la espalda. 

Extrañamente, ella parece disfrutar la experiencia. Cuando los lacayos van a pasar a otro tipo de acción, descubrimos que todo era una fantasía de la mujer mientras esperaba a su marido en la cama. 

“¿En qué piensas, Séverine?”, le pregunta él mientras se abrocha la pijama. Ella responde con expresión inocente: “En ti, Pierre… en nosotros”. 

Es comprensible que el público del festival de Venecia de 1967 se sintiera turbado con la primera escena de Belle de jour y con toda esta película que marcó aquella edición de la Mostra. Este año no hubo películas españolas en el festival, cuando se celebra medio siglo de uno de los filmes más polémicos que han pasado por esa vitrina cinematográfica y que supuso la única vez que un director español se llevó el León de Oro, premio del certamen. Y eso que a punto estuvo de no ganarlo, debido a los líos internos de un jurado plagado de nombres ilustres y la presión de la sociedad que quería expulsar a los actores del festival. Belle de jour es ahora un ícono, pero también es mucho más que eso. 

Fotografía: Peter Coulson
Catherine Deneuve, Yves Saint Laurent, prostitución, masoquismo, oscuras fantasías, una caja misteriosa y un fiestón del jet set son los puntos fuertes de esta película, pero ante todo es uno de los íconos europeos más destacados. 

Tal vez porque la película está cargada de ‘buñuelismos’, como se denomina a ciertos detalles que solo el director conoce y que deja a la imaginación del espectador sin dar respuesta alguna en concreto. 

Como aquella escena en la que uno de los clientes del burdel, un hombre asiático con sobrepeso, abría una cajita ante los ojos de las prostitutas, que reaccionaban con espanto. 

La burguesa Séverine era la única que parecía encantada. El espectador no ve el contenido de la caja, pero escucha un zumbido procedente de su interior. 
Fotografía: Peter Coulson
Se manejaron todo tipo de hipótesis, como que allí dentro había un insecto utilizado para oscuras prácticas sexuales, o que se trataba de algún tipo de complicada metáfora sobre el deseo. En una entrevista, el director dijo que dentro de la caja “había lo que el público quisiera”, respuesta similar a la que dio cuando se le preguntó por las escenas de sexo que no se sabía si eran reales o pura fantasía de la protagonista. “Que la gente decida si es posible o no”. 

Datos 

-La película fue rechazada en el festival de Cannes “por insuficiencia artística” en una edición que ganó Antonioni con Blow-Up. En cambio, el festival de Venecia la incluyó en su selección oficial junto a las últimas películas de directores como Godard, Visconti o Pasolini, entre otros. 

- La prensa española y un sector de la italiana criticaron el contenido de la película y la calificaron como una provocación del director que siempre criticaba a la sociedad pudiente. (I)
Fotografía: Peter Coulson

domingo, 3 de septiembre de 2017

Llega el 'contouring' vaginal

Diana Aller/EL PAÍS
https://elpais.com/elpais/2015/07/26/tentaciones/1437944611_866846.html

Fotografía: Ligthyear
Vivimos tiempos aciagos, convulsos, difíciles, llenos de incertidumbre y sinrazón… estética. A los cánones estrictos que se le imponen a la mujer de juventud, delgadez y curvas, se le añade un mandato íntimo e igualmente difícil: la zona vulvar, a la que de forma respetuosa llamo, llamamos, “coño”. Perdamos el miedo a llamar coño a la abertura vaginal y también el miedo a nuestros propios coños.

Recientemente hemos leído una noticia que nos ha helado el mismísimo, la nueva técnica de moda en estética genital: el contouring vaginal (también bautizado como vontouring). Sí, esa tendencia en maquillaje impuesta al mundo por Kim Kardashian basada en limar con efectos ópticos las imperfecciones de tu rostro ha hecho el viaje en tiempo récord hacia nuestra zona más íntima. Y promete causar furor uterino entre famosas hollywoodienses y mujeres ociosas y acomplejadas. Por si no teníamos suficiente, ahora podemos remodelar el chochín a saber cómo.

Fotografía: Ligthyear
De un tiempo a esta parte veníamos escuchando referencias de un “coño-hamburguesa” (que a día de hoy no tengo claro cómo es); de un “coñito-nipón” (juro que lo he oído), o de “labios menores perfectos”. La pornografía nos ha ofrecido alguna pista de las modas coñiles: Se valora la simetría y la tersura de la zona sobre todo; y fueron precisamente las actrices porno las primeras en someterse a cirugía estética vulvar.

En España ha sido la ínclita Leticia Sabater la primera en salir del armario y contar su cirugía vaginal (en su caso, ensanchó la cavidad y se insertó un himen). Se ha hecho mucha mofa del tema, prácticamente en todo momento desde el desconocimiento más absoluto. Lo cierto es que el problema de la ¿presentadora? ¿rapera? ¿celebrity? es solo uno de los muchos que se pueden padecer –y corregir- del suelo pélvico.

Fotografía: Ligthyear
Lo importante sería señalar que una zona muy delicada y sujeta a problemas morfológicos como cualquier otra. Hay mujeres cuya dimensión hipertrófica de labios menores resulta molesta hasta para hacer deporte; existen contracturas vaginales muy dolorosas. Yo misma las he padecido y he tenido que someterme a fisioterapia de apoyo. En algunos casos, la cirugía es necesaria.

Otro caso bien diferente es el maltrato del suelo pélvico en los paritorios españoles. Resignadas, muchas madres creen que hacerse pis encima a cierta edad, o tener la zona como un campo de batalla de Mad Max, es el peaje normal que hay que pagar por tener hijos. Y en absoluto es así. La episiotomía (corte artificial en diagonal a la vagina para extraer al recién nacido) cuando se practica de forma rutinaria puede traer unas consecuencias desastrosas para el cuerpo de la mujer y, peor todavía, para su psique. Todavía es un problema silenciado (y masivo) la cicatrización y reconstrucción de la zona vaginal. Pero ahí ni siquiera entra la estética como primera preocupación. De hecho, los coños están hechos para parir, y no tienen por qué perder tono ni elasticidad por ello.

El mercado, ávido de víctimas inseguras, ha encontrado aquí un nicho perfecto (qué raro suena hablar de nichos y coños). Si se genera inseguridad a las mujeres con el aspecto de sus vaginas, se abren nuevas vías de mercado. Y, efectivamente, así ha ocurrido. La comparación con las estrellas del porno, y la aparición de técnicas que “mejoran” nuestras partes pudendas, es todo uno.

A muchas nos ha pillado de sorpresa. ¿Qué ya no solo van a juzgar mi estatura, mi peso, mi culo, mis tetas, y mi intelecto (y, desgraciadamente, por ese orden)? ¿Que ahora a la preocupación de axilas bonitas, fosas nasales simétricas y ombligo equidistante tengo que añadir la preocupación de mi coño? Pues miren, como que no.

Pero este sistema se ceba creando complejos, y a la vista de las técnicas que existen, sería muy fácil tenerlos. Paso a explicar las posibilidades de la forma más llana posible:

-Cirugía estética de labios menores (labioplastia): Se recortan y se dejan simétricos y con la forma deseada.

-También se pueden rellenan los labios mayores para dar apariencia más juvenil (Como todo el cuerpo, al hacerse mayor y al adelgazar rápido, la piel cae).

-Clitoroplastia: cambio de morfología del clítoris y el capuchón de piel que lo recubre.

-Pubis: se hacen liftings y, últimamente, se oferta también el “adelgazamiento” de la zona.

Fotografía: Ligthyear
-Coño-Barbie: desconozco el nombre técnico, pero es la eliminación total de labios menores; una operación muy demandada en EEUU.

-Blanqueamiento de vulva: Aclara la pigmentación de la zona.

-El novísimo contouring vaginal, la remodelación del coño antes mencionada: es un tratamiento que con una especie de vibrador, estimula la producción de colágeno en la abertura, dejando los labios y las paredes vaginales más prietas y firmes. Se publicita como una mejora estética y también como un baluarte de mayor placer sexual. Al parecer, al endurecer la zona, se gana en sensibilidad. Según el Daily Mail, el precio por sesión ronda los 300 dólares.

Fotografía: Ligthyear
Este último procedimiento, tiene todas las trazas para triunfar entre un público consumista y, creo yo,que desdichado. Para empezar, promete un aspecto jugosamente juvenil, y ya se sabe que nada como hacer sentir vieja a una mujer para que ésta reaccione. Además, la zona genital quedará más atractiva. Evidentemente, nadie va enseñando el coño por la vida más que en la intimidad, así que ahí radica otro interés: gustar a la pareja. Y por último promete mejorar la vida sexual. Es decir, “va usted a dejar de ser una desgraciada y una aburrida de una vez”. Ya tenemos la solución a un montón de problemas que no sabíamos que tuviéramos.

¿Qué? ¿Nos remodelamos el coño entonces?
Fotografía: Ligthyear

sábado, 2 de septiembre de 2017

Vis a vis: “Ninfeta” de García Ponce y “Silvia” de Cortázar

ANA CLAVEL/CONFABULARIO/EL UNIVERSAL
http://confabulario.eluniversal.com.mx/vis-a-vis-ninfeta-de-garcia-ponce-y-silvia-de-cortazar/

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Tanto el escritor mexicano Juan García Ponce (1932-2003) como el autor argentino Julio Cortázar (1914-1984) desarrollaron en varias de sus obras personajes en el cruce de la infancia y la adolescencia. Pero en particular es en los cuentos “Ninfeta”, del primero, incluido en el volumen Cinco mujeres (1995),1 y “Silvia”, del segundo, incluido en el libro Último round (1969),2 en los que aparecen sendas nínfulas de “fulgor resplandeciente”. Los he elegido para esta sección no sólo por la maestría con que están confeccionados, sino porque entre ambos textos se traza un recorrido que va del arquetipo al estereotipo sin rozar apenas ese territorio aún bastante inexplorado de la interioridad de la nínfula. No es que no existan obras que hayan buscado explorar el océano de turbulencias de la niña-mujer —ahí están, por ejemplo, El amante de Duras o Las vírgenes suicidas de Eugenides, que por haber sido llevadas al cine analizaré en la sección correspondiente—, pero son todavía contados los casos de autores que no hayan caído seducidos por el “fantástico poder” de la Lolita convertida en icono.

I

De hecho, en el cuento de García Ponce no sólo se hace alusión al concepto tradicional desde el título mismo como una traducción casi literal del inglés (nymphet), sino que en el comienzo de la historia se menciona al autor ruso y a su personaje en una suerte de homenaje-divertimento literario:

Santiago no había leído a Nabokov, pero sabía qué era una “Lolita”. Del mismo modo, sin conocer a Cervantes más que por el nombre, se dice de alguien “es un Quijote” o se afirma de una intensa pareja de enamorados que son como “Romeo y Julieta”, haciendo una referencia nacida no del conocimiento de Shakespeare sino del reconocimiento del tipo clásico de jóvenes enamorados. A esto se le llama crear un mito. Nada hay de anormal en ello, al contrario: es un mérito, aunque ni Lolita, ni el Quijote, ni Romeo y Julieta, sean normales. Diferencias y simultáneamente similitudes entre la realidad y la literatura.3
Con una intertextualidad consumada, el autor mexicano sitúa los límites inciertos de lo literario y lo real a través de una realidad ficcional que aquí es más bien metaliteratura, aunque por supuesto tiende puentes con lo real convencional a partir de un tema cada vez más escandaloso en nuestros días: la fascinación que una chiquilla puede despertar en un hombre maduro. Es decir, una Lolita en todo su esplendor. Pero ¿cómo es mirada esta pequeña en la narración de García Ponce?

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Partiendo del hecho de que García Ponce declara desde la primera línea que su relato tiene como subtexto, fundamento, contexto la novela de Nabokov, no es de extrañarse que nos presente un personaje muy apegado al “fenotipo” original: en este caso Enedina, una ninfa de doce años que es observada desde la escoptofilia cada vez más creciente del narrador y protagonista de la historia, Santiago, un hombre maduro que a la sazón es amante de la madre de la pequeña, de nombre Carola. Por principio de cuentas, Enedina rivaliza con su madre por la figura masculina. Tiene apenas nueve años cuando Santiago y Carola comienzan su relación amorosa, pero ya se ufana frente a ella en un gesto ambiguo, que el narrador nos presenta como una mezcla de juego infantil y una voluntad posesiva:

Enedina le tenía un gran afecto a Santiago. Muchas veces, después de haber estado sentada en las piernas de Santiago y que él la besara con cariño en la mejilla, Enedina le aseguraba, encantada, cuando ella y Carola estaban a solas:

—Santiago me quiere más que a ti.4

Juego, inocencia o perversidad, comienzan a desplegarse los rasgos característicos del estereotipo de la enfant fatale como en el momento en que Santiago, de ser un hombre que “siempre supuso tener una sexualidad normal”,5 empieza a desarrollar una inclinación por la pequeña ninfa ya de doce años:

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Enedina tenía doce años cuando una enfermedad la obligó a guardar cama y Santiago entraba a visitarla a su cuarto casi todos los días. En la cama, Enedina estaba en camisón. Los camisones eran largos, casi transparentes. Enedina se acostaba sobre las mantas para que Santiago la viese con ellos. Estaba orgullosa de sí misma precisamente por la enfermedad y su indiferencia hacia ella, pero también por su aspecto físico. ¡Cuánto había crecido Enedina! Sus pies descalzos eran seductores, igual que el cuello y los hombros mostrados por el camisón. Ya tenía pechos, pequeños pero muy atractivos. Sus labios, la nariz chica y los ojos negros como el pelo. Santiago, sin darse cuenta de ello, tomando su admiración como algo natural, había empezado a advertir la calidad de “Lolita” encerrada en Enedina. Sin embargo, no lo pensaba. Su admiración era inocente y también sus besos en las mejillas de ella. ¡Nada hay tan peligroso como la inocencia!6
Conforme nos es presentada por el narrador en tercera persona, Enedina se va mostrando en su creciente belleza e inocencia-perversidad de Lolita típica, es decir cada vez se comporta más como una nínfula seductora. Por su parte, el personaje de Santiago se va abriendo progresivamente a una fascinación que, si bien lo emparenta con Humbert Humbert, surge a partir de que la chiquilla despliega ante él sus atributos y cualidades. Una diferencia sustancial con el cuarentón de la novela de Nabokov que ha sido ninfulómano prácticamente desde muy joven, cuando aún fáunulo conoció a Annabel, su amor de la Riviera francesa, la nínfula que sería el origen de su pasión y el antecedente de Lolita y las otras niñas-mujer que siguieron. En otras palabras, Santiago se hace ninfulómano como resultado de la magia subyugante que irradia la pequeña Enedina.

¿Era inocente Enedina al mostrarse de una manera tan provocativa para Santiago? Al principio, él ni siquiera se planteaba estas preguntas. Luego, su admiración por la belleza de Enedina fue cada vez más evidente, pero Santiago sólo era consciente de la necesidad de ocultar esta admiración, tanto ante Enedina como ante Carola. Por eso tenía que besarla en la mejilla como de costumbre y visitarla en su cuarto como lo hacía desde que estaba enferma y aun antes cuando Enedina, Santiago lo recordaba perfectamente, dormía en piyamas. Entonces ella empezó a hablarle a Santiago de sus admiradores en la escuela, por supuesto, cuando Carola no estaba presente. ¡Sus pies, el camisón mostrando cada vez más sus piernas o resbalando por uno de sus hombros! Todo era natural; el que no era natural era Santiago. ¡Y su sensualidad, tan natural hasta entonces, se gratificaba con ella! Enedina era la provocadora indirecta y Carola obtenía las satisfacciones directas.7

Fotografía: Santiago PerezGrovas
A partir de ese momento y de manera creciente, el narrador mantendrá una ambivalencia para mostrarnos la naturaleza pervertida de esta Lolita. A veces con preguntas retóricas, otras con descripciones sensuales que excitan la sensibilidad del lector en las que la dulce y subyugante niña es presentada con una inconciencia-malicia que deja poco a la imaginación y facilita el juicio de valor.

¿Era culpable Enedina, se daba cuenta de algo? La incertidumbre de Santiago hacía todo más atractivo por un lado y por el otro lo decidía a ser cada vez más audaz. En una ocasión al poner sus manos alrededor de la cintura de Enedina metió una de ellas por debajo de su suéter. ¡La piel de Enedina! Ella dio un breve grito y se separó más bruscamente que nunca de Santiago. El grito y la separación podrían ser tanto de placer como de rechazo.8
Bella, inocente, atractiva, Enedina se sentó en las piernas de Santiago. Él la acercó enseguida hacia sí. Bajo el short, su erección era descomunal y no podía ser ignorada por Enedina. Las vastas manos de Santiago se posaron en la piel desnuda del estómago de Enedina mientras la besaba una y otra vez en la mejilla, bajo la alarma de Enedina, las miradas temerosas de Manuel [hermano menor de Enedina] y la ignorancia de Carola. Sin poder evitarlo, él bajó sus labios hacia el cuello de Enedina al tiempo que sus manos apretaban su cintura y las pequeñas nalgas de Enedina se movían contra su verga. Estaba ya muy cerca de eyacular cuando Enedina se puso de pie de un salto para besar a su madre en la mejilla. Ella acababa de aparecer sin que la borrosa visión de Santiago advirtiese su presencia.9

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Poco sabemos del mundo interior de esta nínfula. Lo que sabemos de ella —que es caprichosa, juguetona y seductora— nos viene referido desde el punto de vista aparentemente objetivo del narrador en tercera persona, pero en realidad más cercano a las fantasías y deseos del protagonista. Como en la escena en que, de vacaciones en la playa, Enedina entra al cuarto de Santiago para despertarlo y decirle que su madre y su hermano lo esperan para desayunar. Entonces Santiago, atraído por su belleza irremediable, comienza a acariciarla.

Santiago la miraba sin moverse. Enedina dio unos pasos y se sentó en la cama de él. Ninguno de los dos habló más. Sin pensar en lo que hacía, sin darse cuenta de nada, la mano derecha de Santiago tocó el principio desnudo del hombro de Enedina. Ella no se movió. Tampoco miraba a Santiago, sólo estaba sentada muy cerca de él, en la misma cama. La mano de Santiago entró bajo la blusa y llegó hasta el pequeño pecho de Enedina. Era un contacto esperado y ahora resultaba superior a todo lo esperado. Su mano en el pecho de Enedina; su mano acariciando, palpando ese pecho; su mano llegando hasta el pezón. Se detuvo ahí mucho tiempo, un tiempo interminable, y de pronto se retiró del pezón, del pecho, salió de la blusa y se quedó sobre la sábana. Enedina no se movió. La mano volvió a entrar a la blusa, sin que Enedina dijese nada ni se moviese; su pezón endurecido hablaba por ella. La mano de Santiago tocó también el otro pecho. Otro tiempo interminable mientras pasaba de un pecho al otro y de pronto estaba otra vez fuera sobre la sábana. Enedina seguía sin mirarlo. Entonces se puso de pie de un salto, caminó hasta la puerta y con ella entreabierta volvió a hablar:

—Nos están esperando, te están esperando.10

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Así, al verla aceptar las caricias y contactos furtivos, sin intentar atisbar su muy probable turbación, sorpresa, curiosidad y también su innegable goce, Santiago convierte a Enedina en una Lolita típica: ese ángel demoniaco que ya habíamos visto perfilarse desde el deseo fantasmático del narrador y personaje de la novela de Nabokov, pero allá por lo menos nos llegaba referido desde el tono confesional, en primera persona, de Humbert Humbert, y por ello tamizado y relativizado por su subjetividad deseante. En cambio, el narrador omnisciente de “Ninfeta” está más cerca del punto de vista del ninfulómano adorador y de esta manera embozada, aparentemente “objetiva”, nos define la naturaleza nínfica, dual, de la joven deseada —descartando así su incierto pero no menos rotundo placer, ese que tal vez encuentre su plenitud sin necesidad de ir más allá, como no sucede con el deseo de su cazador:

El silencio de Enedina todavía más ambiguo. Sin embargo, Enedina no podía ignorar la mano de él en sus pechos, no podía ignorar lo que había pasado. No obstante, parecía ignorarlo. Santiago tenía que esperar. Esperar. Fácil de decir; difícil de hacer con Enedina tan cerca siempre y con tan poca ropa. La contemplación era intensa, pero no le bastaba a alguien tan acostumbrado a la actividad como Santiago. Enedina boca abajo en el petate con el sostén del bikini desabrochado y la frágil espalda a la vista, el breve calzón bajo el que se ocultaban las redondas y pequeñas nalgas, las largas y bien formadas piernas de niña que entraba a la adolescencia, los adorables y delgados pies sin edad, las manos bajo la cabeza, el negro pelo. A veces, Enedina se ponía de perfil un momento y desde la orilla del petate, Santiago podía ver sus delicados párpados cerrados, las largas pestañas, la nariz pequeña, la boca sensual, sensual como todo en ella. Luego Enedina estaba boca arriba y Santiago esparcía arena por su cuerpo. ¿Los movimientos de Enedina durante esta operación querían ser provocativos o sólo eran el resultado natural del inesperado contacto con la arena? ¿Estaban dirigidos a Santiago?11

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Mirada así, esta otra nínfula contemporánea —maestría aparte del autor para mostrárnosla por entero hechizante— se apega al estereotipo consagrado: la inocencia manipuladora, la pequeña femme fatale, capaz de convertir al hombre de sexualidad más “normal” en un enfebrecido adorador, cada vez más cerca del abismo, como cuando Enedina lo invita, jugando, a que la alcance en una carrera al mar:

La alcanzó en efecto y la tomó desde atrás por la cintura desnuda, apretándola contra sí. Las nalgas de Enedina se pegaban al calzón de baño de Santiago, se movían, él apretaba su cintura y seguía riéndose, aunque las pausas entre carcajada y carcajada eran cada vez más amplias y Santiago dejó al fin de reírse, sujetando con las manos la cintura de Enedina y sintiendo el contacto de sus nalgas sobre su verga. Su eyaculación fue interminable.12

Es admirable cómo en unas cuantas páginas García Ponce consigue dotar de vida a su nínfula en la línea del mito fundado por Nabokov y del estereotipo reforzado por sus sucesores. Pero lejos del atormentado Humbert que se sabe culpable todo el tiempo, el personaje de García Ponce descarga en la pequeña la responsabilidad de su deseo una vez que es descubierto y confrontado por Carola: “Enedina me provocó todo el tiempo”,13 llega a declarar ante la madre furibunda, a manera de excusa. Tal vez por eso su autor, haciendo gala de un toque maestro intertextual a la novela canónica y en un golpe de singular ironía aleccionadora, permite la muerte de su personaje masculino en estos términos:

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Sonaron tres disparos. Santiago cayó al piso. Si hubiese leído a Nabokov en vez de sólo saber de la existencia de “Lolitas” hubiera sabido también que antes de gozar plenamente de Lolita se debe contar con la ausencia temporal o definitiva de la madre.14

II

Frente a la suerte de divertimento literario en torno al tema de las Lolitas que nos plantea “Ninfeta” de Juan García Ponce, Julio Cortázar nos ofrece una mirada más vaga y menos tipificada de la nínfula en su cuento “Silvia”. La vaguedad de esa mirada se presenta desde la aceptación de que el motivo que da origen al deseo es inasible, no sólo por el hecho de que el deseo sea en sí mismo escurridizo sino porque lo provoca una muchacha intangible como los sueños: Silvia. Aunque el cuento tiene una estructura retrospectiva que se reconstruye desde la memoria, la historia que da origen al recuerdo comienza cuando el narrador, Fernando, un escritor argentino que vive en Francia, visita a un grupo de amigos que lo han invitado a un tradicional “asado” en una casa de veraniego. Ahí, entre las discusiones literarias y las luchas infantiles, lejano al mundo de los adultos y cercano al de los hijos pequeños, en medio de un patio que colinda con el bosque, surge:

Fotografía: Santiago PerezGrovas
algo que ni siquiera tuvo principio y sin embargo es sobre todo Silvia, esta ausencia que ahora puebla mi casa de hombre solo, roza mi almohada con su medusa de oro, me obliga a escribir lo que escribo con una absurda esperanza de conjuro, de dulce gólem de palabras.15

Mediante fugaces menciones, poco a poco creemos entender que Silvia es una chica algo mayor que el resto de los niños (Graciela: hija de Raúl y Nora; Lolita y Álvaro: hijos de Javier y Magda; y el más pequeño: Renaud, hijo de Liliane y Jean Borel), que se trata de una joven que juega con los pequeños, los atiende y los cuida. Todo parece indicar que estamos frente a una nínfula, con la edad limítrofe que la sitúa entre la niñez y la adolescencia, tal y como la contempla el narrador la primera vez que la ve:

Era casi de noche cuando los chicos empezaron a aparecer, limpios y aburridos, primero los de Javier discutiendo sobre unas monedas, Álvaro obstinado y Lolita petulante, después Graciela llevando de la mano a Renaud que ya tenía otra vez la cara sucia. Se juntaron cerca de la pequeña tienda de campaña verde; nosotros discutíamos a Jean-Pierre Faye y a Philippe Sollers, la noche inventó el fuego del asado hasta entonces poco visible entre los árboles, se embadurnó con reflejos dorados y cambiantes que teñían el tronco de los árboles y alejaban los límites del jardín; creo que en ese momento vi por primera vez a Silvia, yo estaba sentado entre Borel y Raúl, y en torno a la mesa redonda bajo el tilo se sucedían Javier, Magda y Liliane; Nora iba y venía con cubiertos y platos. Que no me hubieran presentado a Silvia parecía extraño, pero era tan joven y quizá deseosa de mantenerse al margen, comprendí el silencio de Raúl o de Nora, evidentemente Silvia estaba en la edad difícil, se negaba a entrar en el juego de los grandes, prefería imponer autoridad o prestigio entre los chicos agrupados junto a la tienda verde.16

Fotografía: Santiago PerezGrovas
A pesar de que la ve a lo lejos, entretenida en maternales labores que la hacen crecer frente a los niños, Fernando queda cautivado por la magia que irradia esta deidad nínfica y cuya aparición entre las sombras de la noche, a la luz del fuego de la fogata, se torna en la revelación de una belleza fulgurante, que invita al pasmo y a la contemplación —pero tal vez una belleza más de niña crecida que de adolescente y por ello el narrador no se atreve a preguntar abiertamente por Silvia y delatarse ante los otros por el deseo desatado.

De Silvia había alcanzado a ver poco, el fuego iluminaba violentamente uno de los lados de la tienda y ella estaba agachada allí junto a Renaud, limpiándole la cara con un pañuelo o un trapo; vi sus muslos bruñidos, unos muslos livianos y definidos al mismo tiempo como el estilo de Francis Ponge del que estaba hablándome Borel, las pantorrillas quedaban en la sombra al igual que el torso y la cara, pero el pelo largo brillaba de pronto con los aletazos de las llamas, un pelo también de oro viejo, toda Silvia parecía entonada en fuego, en bronce espeso; la minifalda descubría los muslos hasta lo más alto, y Francis Ponge había sido culpablemente ignorado por los jóvenes poetas franceses hasta que ahora, con las experiencias del grupo de Tel Quel, se reconocía a un maestro; imposible preguntar quién era Silvia, por qué no estaba entre nosotros, y además el fuego engaña, quizá su cuerpo se adelantaba a su edad y los sioux eran todavía su territorio natural.17

Fotografía: Santiago PerezGrovas
En esa primera velada, al calor del vino y la plática literaria con los otros adultos, las intervenciones e interrupciones de los niños le permiten a Fernando fugarse hacia ese otro mundo donde respira la magia de la nínfula, y cada vez sentirse más subyugado por su presencia enigmática:

Entre los hombros de Magda y de Nora yo veía a lo lejos la silueta de Silvia, una vez más agachada junto a Renaud, mostrándole algún juguete para consolarlo; el fuego le desnudaba las piernas y el perfil, adiviné una nariz fina y ansiosa, unos labios de estatua arcaica (¿pero no acababa Borel de preguntarme algo sobre una estatuilla de las Cícladas de la que me hacía responsable, y la referencia de Javier a Xenakis no había desviado el tema hacia algo más valioso?). Sentí que si alguna cosa deseaba saber en ese momento era Silvia, saberla de cerca y sin los prestigios del fuego devolverla a una probable mediocridad de muchachita tímida o confirmar esa silueta demasiado hermosa y viva como para quedarse en mero espectáculo…18

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Entonces acontece la revelación en sentido contrario, la señal que demarca y separa los territorios de la sordidez y de la magia: como el narrador mismo, nos sorprendemos al enterarnos de que Silvia, desde la mirada de los adultos, es una amiga imaginaria que han inventado los niños. Fernando no puede evitar desconcertarse pues él ha visto innegablemente a la nínfula —y nosotros con él al grado que hemos quedado enganchados con la imagen etérea y hechizante de la joven.

Del territorio de Silvia, otra vez invisible, vino Graciela la gacelita, la sabelotodo; le tendí la vieja percha de la sonrisa, las manos que la ayudaron a instalarse en mis rodillas; me valí de sus apasionantes noticias sobre un escarabajo peludo para desligarme de la conversación sin que Borel me creyera descortés, apenas pude le pregunté en voz baja si Renaud se había hecho daño.

—Pero no, tonto, no es nada. Siempre se cae, tiene solamente dos años, vos te das cuenta. Silvia le puso agua en el chichón.

—¿Quién es Silvia, Graciela?

Me miró como sorprendida.

—Una amiga nuestra.

—¿Pero es hija de alguno de estos señores?

—Estás loco —dijo razonablemente Graciela—. Silvia es nuestra amiga. ¿Verdad, mamá, que Silvia es nuestra amiga?

Nora suspiró, colocando la última servilleta junto a mi plato.

Fotografía: Santiago PerezGrovas
—¿Por qué no te volvés con los chicos y dejás en paz a Fernando? Si se pone a hablarte de Silvia vas a tener para rato.

—¿Por qué, Nora?

—Porque desde que la inventaron nos tienen aturdidos con su Silvia —dijo Javier.

—Nosotros no la inventamos —dijo Graciela, agarrándome la cara con las dos manos para arrancarme a los grandes—. Preguntales a Lolita y a Álvaro, vas a ver.

—¿Pero quién es Silvia? —repetí.

Nora ya estaba lejos para escuchar, y Borel discutía otra vez con Javier y Raúl. Los ojos de Graciela estaban fijos en los míos, su boca sacaba como una trompita entre burlona y sabihonda.

—Ya te dije, bobo, es nuestra amiga. Ella juega con nosotros cuando quiere, pero no a los indios porque no le gusta. Ella es muy grande, comprendés, por eso lo cuida tanto a Renaud que solamente tiene dos años y se hace caca en la bombacha.

—¿Vino con el señor Borel? —pregunté en voz baja—. ¿O con Javier y Magda?

—No vino con nadie —dijo Graciela—. Preguntales a Lolita y a Álvaro, vas a ver. A Renaud no le preguntés porque es un chiquito y no comprende. Dejame que me tengo que ir.19

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Es ese territorio vago e indeterminado, ambiguo, de la identidad de Silvia, surge la presencia cada vez más perentoria de la nínfula, con atributos y sensualidad también crecientes que influyen en el ánimo del protagonista. El hecho de que sus apariciones sean fugaces y siempre convocadas a partir de la presencia colectiva de los niños, permite a Fernando contemplarla únicamente desde el lado del deslumbramiento, sin posibilidad concreta de interactuar con ella. Como en la segunda ocasión en que niños y padres se reúnen ahora en casa del protagonista, quien ha organizado el convivio con grandes y pequeños con la intención de volver a ver a la muchacha. Sin embargo, a pesar de los esfuerzos, Silvia no aparece. Cuando el narrador está a punto de darse por vencido, es la pequeña Graciela quien le da noticias de la joven.

La llevé [a Graciela] hasta la escalera exterior, le mostré el baño y le pregunté si no se perdería para bajar. En la puerta del baño, con una expresión en la que había como un reconocimiento, Graciela me sonrió.

—No, andate nomás, Silvia me va a acompañar.

—Ah, bueno —dije luchando contra vaya a saber qué, el absurdo o la pesadilla o el retardo mental—. Entonces vino, al final.

—Pero claro, sonso —dijo Graciela—. ¿No la ves ahí?

Fotografía: Santiago PerezGrovas
La puerta de mi dormitorio estaba abierta, las piernas desnudas de Silvia se dibujaban sobre la colcha roja de la cama. Graciela entró en el baño y oí que corría el pestillo. Me acerqué al dormitorio, vi a Silvia durmiendo en mi cama, el pelo como una medusa de oro sobre la almohada. Entorné la puerta a mi espalda, me acerqué no sé cómo, aquí hay huecos y látigos, un agua que corre por la cara cegando y mordiendo, un sonido como de profundidades fragosas, un instante sin tiempo, insoportablemente bello. No sé si Silvia estaba desnuda, para mí era como un álamo de bronce y de sueño, creo que la vi desnuda aunque luego no, debí imaginarla por debajo de lo que llevaba puesto, la línea de las pantorrillas y los muslos la dibujaba de lado contra la colcha roja, seguí la suave curva de la grupa abandonada en el avance de una pierna, la sombra de la cintura hundida, los pequeños senos imperiosos y rubios. “Silvia”, pensé, incapaz de toda palabra, “Silvia, Silvia, pero entonces…”.20

La posibilidad de que sólo se trate de un sueño o una alucinación, cede ante la habilidad narrativa del autor que de golpe nos sitúa ante un plano de realidad inminente y para colmo, seguido del hecho de que la propia Silvia despierta de su ensimismamiento para acudir en ayuda de quien la llama:

La voz de Graciela restalló a través de dos puertas como si me gritara al oído: “¡Silvia, vení a buscarme”. Silvia abrió los ojos, se sentó en el borde de la cama; tenía la misma minifalda de la primera noche, una blusa escotada, sandalias negras. Pasó a mi lado sin mirarme y abrió la puerta. Cuando salí, Graciela bajaba corriendo la escalera…21

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Así, inaprensible, escurridiza como el reflejo de la luna en una superficie de agua, la nínfula del cuento de Cortázar se vuelve imposible toda vez que ya no volverán a reunirse los cuatro infantes de la historia, como si sólo su pureza e imaginación desbordada tuvieran el poder de convocarla. No debe ser gratuito que la adivinanza final que resuelve Graciela, la sabelotodo, después de varios intentos, sea precisamente la que pudiera orientarnos sobre el simbolismo de un arquetipo femenino por excelencia: “Es la luna. Qué adivinanza más sonsa, che”.

Y es en este sentido que reconocemos que Silvia camina más propiamente del lado de la femme-enfant surrealista,22 idealizada, inspiradora, redentora. Un hada-mujer de sensualidad y pureza, una suerte de Melusina de “pelo como una medusa de oro”, capaz de vincular la parte racional del hombre con el universo inconsciente de la imaginación creadora. De menor tamaño y edad, inspira el ideal que encarna para André Breton el personaje de Nadja (1928), y para el propio Cortázar el de la Maga (1963).

Si atendemos a la etimología del nombre (latín: selva) percibimos entonces su vinculación con la deidad de los bosques: Diana, la diosa lunar, aquí en su fase luminosa. De hecho, en la narración, Silvia es contemplada como una deidad resplandeciente y seductora a la que no es posible acceder, sólo avizorar o vislumbrar del mismo modo que se perciben los prodigios o el misterio. Y es desde esta orilla que el personaje de Fernando rememora su encuentro fugaz y su recuerdo persistente.

Fotografía: Santiago PerezGrovas
Por supuesto, por la temática planteada en términos de cuento fantástico que idealiza la magia de la pequeña deidad —o por lo menos de una narración donde las lindes de la realidad aparente se desdibujan como en otros hermosos relatos del autor—, difícilmente podría incursionarse en la interioridad de la nínfula. De hecho, no es el objetivo de la historia y el cuento mantiene su unidad de efecto como un artefacto que incita a la fascinación en torno a la nínfula etérea, en su calidad de hada, aparición o espejismo, muy lejos del diablillo manipulador de las típicas enfant fatales.

NOTAS:

1J. García Ponce, Cinco mujeres, México, Conaculta-El Equilibrista, 1995.
2J. Cortázar, Último round, México, Siglo XXI, 19a. ed., 2006, t. I.
3J. García Ponce, Cinco mujeres, p. 9.
4Ibídem, p. 11.
5Ibídem, p. 9.
6Ibídem, pp. 12-13.
7Ibídem, p. 13.
8Ibídem, p. 15.
9Ibídem, pp. 23-24.
10Ibídem, pp. 24-25.
11Ibídem, pp. 25-26.
12Ibídem, pp. 27-28.
13Ibídem, p. 29.
14Ídem.
15J. Cortázar, Último round, pp. 173-174.
16Ibídem, pp. 177-178.
17Ibídem, pp. 178-179.
18Ibídem, p. 180.
19Ibídem, pp. 180-183.
20Ibídem, pp. 189-190.
21Ibídem, p. 190.
22 Alicia H. Puleo, Dialéctica de la sexualidad. Género y sexo en la filosofía contemporánea, Madrid, Ediciones Cátedra-Universitat de València, 1992.
Fotografía: Santiago PerezGrovas


sábado, 26 de agosto de 2017

Sexercise: cómo mantenerse en forma mientras mantenemos relaciones sexuales

Noemí Casquet/VERNE
https://verne.elpais.com/verne/2017/07/31/articulo/1501500366_503265.html
Fotografía: Chernysh Petr
Con la llegada de nuevo año o con la aproximación del verano, a menudo nos proponemos hacer más ejercicio (o empezar a hacerlo). Pero si eres de los que ven la sala de máquinas del gimnasio como una mazmorra llena de instrumentos de tortura propios de la Inquisición, tenemos una solución para ti. Desde Verne hemos querido comprobar si la conocida “dieta del cucurucho”, puede ser posible o si, en definitiva, podemos perder peso mientras mantenemos relaciones sexuales (para poder subir una foto de nuestros abdominales a Instagram, por supuesto).
Fotografía: Chernysh Petr
Bienvenidos al mundo del sexercise, unión de las palabras inglesas sex (sexo) y exercise (ejercicio), popularizado tras un estudio de la Universidad de Quebec de 2013 en el que se concluía que el sexo puede ser un buen “ejercicio moderado”.

El consumo calórico en el sexo

La ciencia se ha planteado en varias ocasiones cuántas calorías se consumen durante el sexo. De hecho, en 2013 la economista especializada en temas de salud Julie Frappier y su equipo llevaron a cabo un estudio en el que pusieron a los sujetos a correr en una cinta y a mantener relaciones sexuales durante 30 minutos.
Fotografía: Chernysh Petr
¿El resultado? Correr en una cinta equivale a un consumo calórico de 8,15 calorías por minuto, mientras que mantener relaciones sexuales supone consumir 3,6 por minuto. También analizaron la intensidad del ejercicio. El sexo se posicionaba en una intensidad de 6 METS (intensidad moderada) y la cinta de correr en 8,5 METS (intensidad alta). Para medir el nivel de satisfacción, preguntaron a los usuarios sobre su experiencia: el 98% de los sujetos afirmaron que preferían el sexo a la cinta de correr.
Fotografía: Chernysh Petr
“En el estudio referenciado, se determina que los hombres queman 4,2 calorías por minuto mientras que las mujeres se quedan en las 3,1. Los hombres suelen ser más activos en el sexo, de ahí que haya diferencia”, explica a Verne Antelm Pujol, entrenador personal y estudiante de Medicina. “Se determina que la intensidad del ejercicio sexual es superior a la de andar a 4,5 km/h, es decir, andar a buen ritmo; e inferior a la de correr a 8 km/h. Concretamente y según la American College of Sports Medicine (ASCM), la mayor organización deportiva y de medicina deportiva del mundo, el sexo cae dentro de las actividades de intensidad moderada. Y no solo eso, la ASCM recomienda cinco sesiones de actividad de intensidad moderada a la semana como hábito de vida saludable”, afirma Pujol.

Esta calculadora estima las calorías quemadas según diferentes variables, incluidas la duración e incluso la posición. Por ejemplo, un hombre de constitución media consume unas 60 calorías tras 10 minutos con la pose del misionero, mientras que una mujer en condiciones similares consume 34 en las mismas condiciones, pero 69 si se pone encima.

Fotografía: Chernysh Petr
El tiempo y la intensidad del acto

El consumo calórico dependerá de ciertas variables. “Desde el segundo uno en que empezamos a ejercer esos movimientos, nuestro cuerpo se está activando y las pulsaciones están aumentando, por lo que empezamos a consumir calorías. ¿Y cuánto tiempo sería el recomendado? Unos 15 minutos sería un buen mínimo, relacionándolo con la idea de actividad física”, nos informa Ernest Dift, youtuber y entrenador personal, con más de 400.000 suscriptores en su canal de Youtube, The Fitness Boy. “Eso sí, el sexo es un buen sustituto del cardio, un complemento del ejercicio físico. Pero para mantenernos en forma y sanos, es un poco limitado”.
Fotografía: Chernysh Petr
Por supuesto, tenemos que tener en cuenta que no solo el tiempo sino la intensidad será desencadenante para que nuestro cuerpo queme muchas más calorías. Pujol recomienda el HIIT, high Intensity Interval Training o entrenamiento en intervalos de alta intensidad, que es una de las formas más eficientes para la quema de grasa. ¿Cómo aplicarlo al sexo? “Recomiendo empezar con un calentamiento suave para evitar lesiones -por eso los preliminares son imprescindibles-, seguido de tres intervalos de alta intensidad de 30 segundos al 90% de vuestra capacidad y cada una de estas se interrumpen por 30 segundos de descanso activo al 60% de vuestra capacidad. Creo que no solo vais a satisfacer a vuestra pareja, sino que también conseguiréis quemar muchas más calorías”.
Fotografía: Chernysh Petr
Tonificando glúteos y abdominales

Mediante el sexo, no solo podemos quemar calorías sino que también conseguiremos tonificar nuestro cuerpo. Un ejemplo es lo que aconseja Pujol: “Podemos tonificar nuestros abdominales mientras mantenemos relaciones sexuales a través de la ‘plancha abdominal’. Este ejercicio consiste en apoyarse en los codos y la punta de los pies, con la espalda neutra, y meter barriga y mantener la tensión entre 30 y 120 segundos. A partir de aquí, la pareja puede hacer varias posturas que combinan placer y tonificación muscular”.

Según nos explica la doctora Sagrario Jiménez, nutricionista y sexóloga, lo podemos poner en práctica a través de la postura de “la carretilla”. “La mujer se apoya con las manos en el suelo y con el culete en pompa; y el varón, como en el juego de la carretilla, encaja e introduce su pene en esta postura”.
Fotografía: Chernysh Petr
Si lo que queremos es trabajar glúteos, Pujol recomienda el hip thrust. “Se ha demostrado que los ejercicios que causan una mayor activación de los glúteos son aquellos que usan un patrón de movimiento anteroposterior u horizontal. Así que al empujar, apretad bien el glúteo para un buen hip thrust”. ¿Cómo lo ponemos en práctica? A través de la postura de la araña. “La pareja se tiene que poner tumbada boca arriba, enfrentados los dos, con sus piernas entrelazadas, intentando elevar la pelvis y balanceándose. Así se trabajan muchísimo los tríceps, glúteos y abdominales”, afirma la doctora Jiménez.

Una dieta sana para mantener la erección y la lubricación

Pero de nada sirve el ejercicio sin una buena dieta. Por eso la doctora Jiménez aconseja mantener una dieta sana y equilibrada, que mejore la vasorregulación para que nuestros genitales no tengan problema de erección o lubricación.

Fotografía: Chernysh Petr
“Recomiendo las frutas que tienen muchos betacarotenos como las fresas, los higos, el mango o el plátano. También podemos añadir una copita o dos de vino tinto a nuestro día a día. Tiene un poder antioxidante importante y un efecto desinhibidor que puede hacer la relación sexual más agradable. Eso sí, un puntito, claro, porque si nos pasamos hará el efecto contrario”. Cuando hayamos acabado el sexercise, debemos hidratarnos y consumir proteínas. “Un buen vaso de leche o un yogurt con frutos secos será ideal”, asegura.

Fotografía: Chernysh Petr
Sea cual sea la excusa, el sexo es importante en nuestra vida. Tal y como dice Ernest Drift, “no introduciría el sexo dentro de una rutina de entrenamiento, ya que el sexo es algo que hay que practicar sí o sí, con cierta constancia. No solamente por el consumo calórico, sino por la liberación de ciertas hormonas (serotonina, dopamina, endorfinas, etc) que te hacen sentir de maravilla. Conclusión: hay que mantener relaciones sexuales”.

¿Quién se atreve a llevarle la contraria a un entrenador personal?
Fotografía: Chernysh Petr