jueves, 15 de febrero de 2018

Aprender de la pornografía

Maggie Jones/The New York Times

https://www.nytimes.com/es/2018/02/11/lo-que-los-adolescentes-aprenden-de-la-pornografia/?em_pos=small&emc=edit_bn_20180212&nl=boletin&nl_art=2&nlid=83105185&ref=headline&te=1

Fotografía: Lightyear
Drew tenía 8 años y estaba cambiando los canales en su casa cuando se encontró con el programa Girls Gone Wild. Unos años más tarde se topó con el porno blando de la programación nocturna de HBO. Luego, en secundaria, encontró sitios pornográficos que podía ver desde su teléfono móvil. Los videos eran buenos para tener orgasmos, dijo, pero también le daban ideas de posiciones sexuales para poner en práctica con sus futuras novias. De la pornografía aprendió que los hombres deben ser musculosos y dominantes en la cama, y hacer cosas como darle vuelta a las chicas y ponerlas bocabajo durante el sexo. Las chicas gimen mucho y las excita prácticamente todo lo que hace un chico seguro de sí mismo.

Sin embargo, en el bachillerato, a Drew, estudiante de cuadro de honor que ama el béisbol, escribe canciones de rap y aún confía en su madre, comenzó a preocuparle que la pornografía influyera en su percepción de las chicas de la escuela. ¿Sus senos serían como los que veía en la pornografía? ¿Las chicas lo mirarían como lo hacían las mujeres de las películas al tener sexo? ¿Le harían sexo oral y todas las otras cosas que veía?

Fotografía: Lightyear
Drew, quien me pidió que usara uno de sus sobrenombres, estaba en bachillerato cuando lo conocí a finales de 2016 y me contó parte de todo esto una tarde de jueves, mientras nos encontrábamos en un pequeño salón de conferencias con muchos otros alumnos, esperando a que comenzara un curso extracurricular. Junto a Drew estaba Q, quien me pidió que lo identificara por la inicial de su apodo. Tenía 15 años, era buen estudiante, fanático del béisbol y también se sentía bastante desorientado sobre la forma en que la pornografía se traducía a la vida real. Según me contó a lo largo de varias conversaciones, no solo la pornografía lo confundía, sino también las imágenes violentas en Snapchat, Facebook y otras redes sociales. Como el gif que vio en el que un hombre empuja a una mujer contra la pared y en el que una chica comentó: “Quiero un hombre así”.

Recostado en su silla, Drew dijo que le parecía que las chicas buscan a un rufián en lugar de a un chico inteligente y sensible. Pero ¿realmente lo desean? ¿Era una pose? ¿Las chicas creían que eso era lo que debían desear? Ninguno de los dos sabía. A unos cuantos asientos de distancia, un estudiante de segundo año que había permanecido en silencio hasta ese momento agregó que quizá las chicas tampoco lo sabían. “Creo que las redes sociales hacen creer a las mujeres que desean algo”, dijo, aclarando que no había visto pornografía más que algunas veces y no le agradaba. “Pero creo que algunas chicas están asustadas”.

Fotografía: Lightyear
Q había oído hablar acerca de la importancia del sexo consensuado, pero sonaba bastante abstracto y no parecía que siempre fuera a ser algo realista al calor del momento. ¿Acaso tenía que preguntar repentinamente: “¿Puedo jalarte el cabello?”? ¿O podía intentar hacer algo y ver la respuesta de la chica? Tenía claro que había algunas cosas “muy importantes como los juguetes sexuales o el sexo anal” que no intentaría sin antes preguntar.

“Yo simplemente lo haría”, dijo otro chico que vestía pantalones de mezclilla y sudadera. Cuando le pregunté a qué se refería, respondió que al sexo anal. Suponía que a las chicas les gusta porque así es con las mujeres del porno.

Los jóvenes comenzaron a recoger sus mochilas para dirigirse a la clase conocida como Alfabetización Porno. Este curso, cuyo nombre oficial es “La verdad acerca de la pornografía: programa educativo de alfabetización porno para estudiantes de bachillerato diseñado para reducir la violencia sexual y en el noviazgo”, es un agregado reciente a Start Strong, un programa de liderazgo entre pares dirigido a alumnos residentes del extremo sur de Boston y financiado por la agencia de salud pública de la ciudad. Alrededor de dos decenas de estudiantes de bachillerato seleccionados previamente asisten cada año y la mayoría son estudiantes afroestadounidenses o latinos, junto con algunos asiáticos de las secundarias públicas de Boston y unos cuantos colegios religiosos. Durante gran parte del año, los adolescentes aprenden acerca de las relaciones sanas, los noviazgos violentos y temas relacionados con la comunidad LGBT, a menudo mediante debates grupales, juegos de rol y otros ejercicios.

Fotografía: Lightyear
Pero durante aproximadamente dos horas a la semana, durante cinco semanas, los estudiantes (de todos los niveles) forman parte de la Alfabetización Porno, cuyo propósito es convertirlos en consumidores de pornografía más sabios y críticos al analizar cómo la pornografía retrata el género, la sexualidad, la agresión, el consentimiento, las razas, el sexo homosexual, las relaciones y la imagen corporal (o, en el caso del consentimiento, analizar su ausencia).

Cuando los chicos ven pornografía por primera vez lo hacen en promedio a los 13 años, mientras que las chicas lo hacen a los 14, de acuerdo con Bryant Paul, profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Indiana y autor de estudios acerca del contenido pornográfico y los hábitos de visualización de adolescentes y adultos.

El programa de Alfabetización Porno, que comenzó en 2016 y es el foco de un estudio piloto, fue creado en parte por Emily Rothman, profesora adjunta de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston, quien ha dirigido muchos estudios acerca de la violencia durante el noviazgo, así como del uso de la pornografía en adolescentes. Rothman me comentó que el plan de estudios no está diseñado para asustar a los jóvenes haciéndoles creer que la pornografía es adictiva o que arruinará sus vidas y sus relaciones, además de pervertir su libido, sino que está centrado en el hecho de que la mayoría de los adolescentes sí ven pornografía y adopta el enfoque de que enseñarles a analizar su mensaje es mucho más efectivo que solo desear que nuestros hijos vivan en un mundo sin porno.

Fotografía: Lightyear
Imagina que tienes 14 años en la actualidad. Un amigo podría enseñarte un video porno de corta duración en su teléfono durante el viaje en autobús a la escuela o luego de un partido de futbol. Un gif pornográfico aparece en Snapchat. Al igual que la mayoría de los adolescentes de 14 años, no has tenido experiencias sexuales, pero sientes curiosidad, así que comienzas a buscar y aterrizas en uno de los muchos sitios porno que funcionan como YouTube. Los sitios tradicionales no verifican tu edad y tu teléfono te permite ver pornografía lejos de la mirada escrutadora de los adultos. Si todavía tienes filtros de control parental, muy probablemente has encontrado la manera de evitarlos.

Además, hay muchas probabilidades de que tus padres no crean que mires pornografía. Los análisis preliminares de la información de una encuesta que la Universidad de Indiana realizó en 2016 a más de 600 pares de niños y sus padres, revela una brecha de ingenuidad de los padres: solo la mitad de los padres de los jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 14 y los 18 años pensaban que habían mirado pornografía, cuando todos ellos lo habían hecho.

Es difícil saber si esto influye en la conducta y cómo lo hace. Aunque algunos estudios muestran que un número reducido de estudiantes que mira más pornografía se involucra en relaciones sexuales a una edad más temprana, además de cumplir con estereotipos de género y tener relaciones sexuales menos afectuosas que sus pares, estos descubrimientos solo demuestran una correlación y no una causa y efecto. No obstante, las encuestas sí sugieren que el tipo de relaciones sexuales que tienen algunos adolescentes podría estar cambiando.

Fotografía: Lightyear
El porcentaje de mujeres cuyas edades oscilan entre los 18 y los 24 años que afirmó haber intentado el sexo anal se elevó al 40 por ciento en 2009, en comparación con el 16 por ciento que se registró en 1992, de acuerdo con la encuesta sobre conducta sexual más grande realizada en décadas en Estados Unidos, en coautoría con Debby Herbenick, profesora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Indiana y directora del Centro para la Promoción de la Salud Sexual de la universidad.

Y en un estudio sueco de 2016 donde participaron alrededor de 400 niñas de 16 años, el porcentaje de chicas que intentaba el sexo anal se duplicaba si miraban pornografía. Al igual que otros estudios acerca del sexo y el porno, solo demostró una correlación, pero no tienes que creer que la pornografía es el origen de las agresiones sexuales o que está creando una generación de hombres despiadados para preguntarte si el porno contribuye a moldear cómo hablan y piensan los adolescentes respecto del sexo y, por extensión, cuáles son sus ideas acerca de la masculinidad, la feminidad, la intimidad y el poder.

Fotografía: Lightyear
En el transcurso del año en el que hablé con decenas de adolescentes mayores en Start Strong y en todo el país, muchos señalaron que tanto los medios pornográficos como los tradicionales mostraban el sexo anal y el sexo rudo casi como un lugar común. Drew me dijo que tenía la impresión de que las chicas querían que las dominaran, no solo a partir de su lectura de Cincuenta sombras de Grey, sino también por haber visto la película Sr. y Sra. Smith, con Brad Pitt y Angelina Jolie. “Ella está sobre la mesa mientras él le da empellones. Es todo lo que he visto al crecer”.

Estas imágenes confunden a muchos adolescentes respecto al tipo de sexo que desean o que piensan que deberían tener. Eso se debe en parte a que no siempre están seguros de lo que es falso y lo que es real en la pornografía. En una encuesta de 2016, realizada a mil jóvenes del Reino Unido cuyas edades oscilan entre los 11 y los 16 años, de casi la mitad de los jóvenes que había visto pornografía, el 53 por ciento de los chicos y el 39 por ciento de las chicas la calificó de “realista”. En un estudio reciente hecho a nivel nacional por la Universidad de Indiana, solo uno de cada seis chicos y una de cada cuatro chicas creía que las mujeres en el porno en internet no experimentaban placer real.

Fotografía: Lightyear
Así que no sorprende el hecho de que algunos adolescentes utilicen el porno como guía práctica. “No hay otro lugar para aprender acerca del sexo”, me dijo un chico. “Y las estrellas porno saben lo que hacen”.

Una tarde de jueves, una decena de adolescentes se sentó formando un semicírculo. Era la tercera semana de Alfabetización Porno y ya todos conocían las reglas: no necesitas haber visto pornografía para asistir, no menosprecies la sexualidad o las preferencias sexuales de un estudiante y evita compartir historias sexuales personales en clase. Nicole Daley y Jess Alder, quienes redactaron el plan de estudios junto con Emily Rothman, dirigieron gran parte de los ejercicios y debates.

En la primera clase, Daley dirigió un ejercicio en el que el grupo definía términos del porno como B. D. S. M. (prácticas sexuales que incluyen bondage, disciplina, dominación, sumisión y sadomasoquismo), kink (prácticas no convencionales), softcore (porno blando), hardcore (porno duro), de manera que, como ella expresó, “todos estuvieran en la misma página” y “pudieran evitar dar clic en cosas que no quieren ver”.

Fotografía: Lightyear
Los estudiantes también votaron sobre los valores: si estaban de acuerdo o no con que la edad legal para ver pornografía fuera de 18 años, si trabajar en la industria pornográfica era una forma de ganar dinero y si la pornografía debería ser ilegal. Más tarde, Daley mostró imágenes de una chica pin-up de la década de los cuarenta, de una geisha y de Kim Kardashian para hablar de la forma en que los valores culturales relacionados con la belleza y el cuerpo cambian a lo largo del tiempo. En las siguientes clases hablaron de los tipos de intimidad que no se muestran en la pornografía y de los diálogos de conquista que no son sexistas. En la tercera semana de clases, el objetivo de Daley era debilitar la fascinación de los adolescentes por el porno al exponer los puntos débiles del negocio. “Cuando comprendes que no se trata solo de dos personas en la pantalla, sino de toda una industria”, dijo, “ya no es tan sexi”.

Para ello, Daley comenzó la clase detallando el salario de una actriz femenina de nivel medio (dato extraído del documental del 2008 The Price of Pleasure): “Sexo oral: 300 dólares”, leyó Daley de la lista. “Sexo anal: 1000 dólares. Penetración doble: 1200 dólares. Sexo grupal: 1300 dólares con tres hombres. Y 100 dólares por cada hombre adicional”.

Fotografía: Lightyear
“Caray”, murmuró Drew. “Ahora es repugnante”.

“Eso no es nada por dejar que te penetren frente a una cámara”, dijo otro chico.

Entonces, como si se les hubiera dado luz verde para preguntarlo todo acerca del mundo que los adultos muy pocas veces reconocían, comenzaron a bombardear con preguntas a Daley, Rothman y Alder.

“¿Cuánto les pagan a los hombres?”, preguntó una chica. Esta es una de las pocas profesiones en las que los hombres reciben menos remuneración, explicó Rothman, pero por lo general tienen trayectorias más largas. ¿Cuánto tiempo mantienen su trabajo las mujeres? En promedio de seis a 18 meses. ¿Cómo logran tener una erección los hombres si no están excitados? A menudo usan Viagra, respondió Rothman, y en ocasiones un estimulador humano que no aparece a cuadro.

Fotografía: Lightyear
A continuación, Daley detalló un estudio de 2010 que codificaba incidentes de violencia en los videos porno más vendidos de 2004 y 2005. Señaló que el 88 por ciento de las escenas mostraba una agresión física o verbal, en su mayoría nalgadas, bofetadas y amordazamiento. Un análisis de contenido más reciente de más de 6000 escenas porno de sexo heterosexual en sitios tradicionales en línea, realizado por Bryant Paul y sus colegas, definió la agresión como específicamente cualquier acción intencional que pareciera ocasionar un daño físico o psicológico a otra persona y reveló que el 33 por ciento de las escenas cumplían con ese criterio. En cada estudio, en el 90 por ciento de las ocasiones las mujeres eran el objeto de la agresión.

“¿Ustedes creen que ver pornografía genera violencia hacia la mujer?”, preguntó Daley, de pie frente a los estudiantes. “Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas; se trata de un debate”.

Fotografía: Lightyear
Kyrah, una feminista de bachillerato con un cuerpo de atleta y una tendencia a decir lo que piensa, no dudó. “En la pornografía le dan cierto glamur a llamarle a una mujer ‘zorra’ o ‘puta’ y los chicos creen que de eso se trata. O como cuando aparecen esas extrañas escenas en las que la mujer dice: ‘Deja de tocarme’, ¡y termina disfrutándolo!”.

“Sí y no”, interrumpió un chico. “Cuando un hombre asfixia a una mujer en el porno, la gente sabe que no es real y no se supone que deban hacerlo, porque es violencia”. Se trataba del mismo adolescente que me dijo que simplemente “haría” sexo anal sin preguntarle a la chica, porque las mujeres en el porno lo disfrutan.

Fotografía: Lightyear
En un estudio de 2014 en el Reino Unido acerca del sexo anal y los adolescentes, las chicas mostraron una falta de disposición sexual y experimentaron dolor físico. En la encuesta, de los 130 adolescentes heterosexuales cuyas edades oscilan entre los 16 y los 18 años, estos a menudo afirmaron creer que el porno era un factor de motivación para que los hombres desearan practicar el sexo anal. Y entre los chicos que dijeron haberlo probado, muchos señalaron que lo habían hecho porque sus amigos los alentaron o porque creían estar compitiendo con otros. Al mismo tiempo, la mayoría de las chicas que había intentado practicar el sexo anal dijo que en realidad no deseaba hacerlo; sus parejas las convencieron o coaccionaron. Algunos varones intentaron la estrategia “intentar y ver”, como lo llamaron los investigadores, que consiste en tratar de meter el dedo o el pene en el ano de una chica esperando que no los detenga. En ocasiones, afirmó un adolescente, “simplemente sigues haciéndolo hasta que se cansa y te deja hacerlo de cualquier modo”. Tanto ellos como ellas culparon a las chicas del dolor que sintieron durante el sexo anal y algunos adolescentes les comentaron a los investigadores que las chicas necesitaban “relajarse” más o “acostumbrarse”. Solo una chica y unos cuantos chicos dijeron haberlo disfrutado.

Aunque sepas que el porno no es real, establece expectativas, afirmó un estudiante de último año. En la pornografía, continuó, “no hay ropa, la chica le hace sexo oral a él, él se excita y comienza a tener sexo con ella. Todo es muy sencillo y está bien iluminado”.

Fotografía: Lightyear
Un miércoles por la tarde pasé dos horas en Start Strong con una chica de último año que tomó la primera clase de Alfabetización Porno en el verano de 2016. Al hacer un recuento de los últimos años de secundaria y bachillerato, A —quien me pidió que la identificara por la inicial de su segundo nombre— dijo que le habría gustado tener un lugar (en casa, escuela, o un programa comunitario de educación sexual) para aprender acerca del sexo. En lugar de eso, había aprendido al respecto a través de la pornografía. La primera vez que la vio fue por accidente, luego de que un grupo de chicos la convenciera de ver tube8.com, que ella no sabía que era un sitio porno. Estaba fascinada: jamás había visto un pene, “ni siquiera un dibujo, nada”. Los padres de A, a quienes describe como conservadores en ese tema, no le habían hablado acerca de la anatomía femenina o del sexo, y en su escuela no había educación sexual antes del primer año de bachillerato; incluso cuando llega a ese grado, las clases se centran en los peligros: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos.

Pocas clases de educación sexual en secundaria y bachillerato abordan en detalle la anatomía (en especial la femenina), la intimidad, las relaciones sanas y la diversidad sexual. Es aún más raro que se hable del deseo femenino y el placer. La pornografía le enseñó a A los aspectos básicos de la masturbación. Y el porno le sirvió de guía de estudio cuando cumplió 16 años y fue la primera de sus amigas en tener relaciones sexuales.

Fotografía: Lightyear
Sin embargo, lo que aprendió del porno también tenía sus inconvenientes. Puesto que asumió que el placer de las mujeres en el porno era real, cuando tuvo su primer coito y no experimentó un orgasmo, creyó que era normal.

La educación porno es un territorio tan nuevo que nadie conoce las mejores prácticas, qué material debe incluirse y dónde debe enseñarse. Hace muchos años, L. Kris Gowen, educadora sexual y autora del libro Sexual Decisions: The Ultimate Teen Guide, publicado en 2017, escribió minuciosas pautas para enseñar a los adolescentes a ser críticos ante los “medios sexualmente explícitos” (evitó el término “alfabetización porno”, que es más provocativo). Aunque las pautas se han difundido en conferencias educativas y están disponibles para el público, Gowen no conoce a ningún educador que haya aplicado el método.

Las pautas más recientes de la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud señalan que los educadores deben incluir debates acerca de la influencia de la pornografía en la sexualidad, iniciando a finales de la educación primaria y durante toda la secundaria y el bachillerato. Sin embargo, las pautas no ofrecen ideas específicas respecto de cómo sostener dichas conversaciones.

Fotografía: Lightyear
Más de trescientas escuelas, grupos comunitarios y de jóvenes, así como agencias gubernamentales en Australia y Nueva Zelanda utilizan un recurso de educación porno llamado “In the Picture” (En el panorama), que incluye estadísticas, estudios y ejercicios dirigidos principalmente a adolescentes. Fue creado por Maree Crabb, una experta en violencia sexual y educación porno, quien reside cerca de Melbourne, Australia. Tal como lo describió durante un programa de capacitación en Estados Unidos para educadores y trabajadores sociales al que asistí en 2016: “Queremos ser positivos en lo que respecta al sexo y a la masturbación, y críticos ante la pornografía”. A menudo, la alfabetización porno se olvida de un componente crucial del programa: ofrecer capacitación que ayude a los padres a comprender estos temas y hablar de ellos.

El año pasado, una productora porno feminista, Erika Lust, en reunión con educadores sexuales, creó un sitio web de educación porno para padres. The Porn Conversation contiene enlaces a investigaciones y artículos que ofrecen consejos útiles para padres, incluyendo hablar con los niños acerca de las formas en las que la pornografía tradicional no representa los cuerpos comunes o el sexo que resulta satisfactorio para ambas partes, así como evitar lanzar preguntas acusatorias como por qué miran pornografía o quién se la mostró. “Nosotros ponemos en sus manos la tecnología, así que debemos enseñarles a usarla”, dijo Lust, cuyas películas muestran el placer centrado en la mujer. Pero ella va más allá y sugiere a los padres de hijos en secundaria y bachillerato hablar con ellos acerca del “porno saludable”, que según dice, muestra el deseo y el placer femenino y que está realizado en condiciones de trabajo equitativas. “Sentimos mucha curiosidad sobre el sexo. ‘¿Está bien que me guste esto o aquello?’. Creo que la pornografía es buena como medio de escape. No me asusta el sexo explícito en sí mismo. Me asusta la escasez de valores”.

Fotografía: Lightyear
Al Vernacchio, un educador sexual de renombre en Estados Unidos que enseña educación sexual progresista en un colegio privado en las afueras de Filadelfia, cree que la mejor solución es hacer de la alfabetización porno parte de una educación sexual integral que abarque más aspectos.

Con el fin de preparar a sus estudiantes para sentirse cómodos y ser respetuosos en situaciones sexuales, Vernacchio les muestra fotografías de genitales a sus alumnos, no solo dibujos. “Muchas personas tienen relaciones sexuales con personas de verdad, no con estrellas del porno, y los cuerpos reales varían mucho. Prefiero que mis alumnos tengan la oportunidad de hacer preguntas o de confundirse o incluso reírse en mi salón de clase en lugar de hacerlo al ver el cuerpo desnudo de su pareja por primera vez”. Él, junto con Debby Herbenick, de la Universidad de Indiana, respalda la idea de que los adolescentes deben comprender que la mayoría de las mujeres no tienen orgasmos con solo la penetración y que la estimulación del clítoris a menudo requiere de sexo oral, del uso de los dedos y juguetes sexuales: “Es parte de la vida del ser humano y la enseñamos de forma inteligente y sensible”, dice.

Fotografía: Lightyear
Un año después de terminar el curso de Alfabetización Porno, los estudiantes de las primeras generaciones aún recordaban algunas cosas. En entrevistas a las primeras tres generaciones, un tercio de los estudiantes afirmó estar dispuesto a hacer cosas vistas en la pornografía si su pareja se las pidiera. Muchos también querían intentar cosas que vieron en el porno. Después de todo, eran adolescentes normales, con curiosidad sexual, que estaban experimentando. Pero un número muy reducido de estudiantes estuvo de acuerdo en la encuesta posterior al curso con que “a mucha gente le gusta que la abofeteen, la nalgueen o le jalen el cabello durante el sexo”, en comparación con el 27 por ciento que lo creía al inicio del curso. Y, aunque al inicio, el 45 por ciento dijo que la pornografía era una manera adecuada de que los jóvenes aprendieran acerca del sexo, ahora solo el 18 por ciento estaba de acuerdo. Al final del curso nadie dijo que la pornografía era realista; solo una cuarta parte lo creía al inicio. La encuesta no reveló el catalizador de los cambios. ¿Había sido el plan de estudios? ¿Se debía al estilo de enseñanza de Daley y Alder? Es posible que los estudiantes generaran los cambios solos, aprendiendo unos de otros en los debates y las conversaciones.

A, la jovencita que dijo que jamás había visto la imagen de un pene hasta que vio una película porno, se resistió a aceptar que es absolutamente nocivo para los adolescentes. “Al menos están viendo pornografía y no yendo a que las dejen embarazadas”, explicó. Pero hace poco me dijo que había dejado de mirar pornografía del todo. Ahora le disgustaba ver la expresión de las mujeres, pues creía que muy probablemente no estaban experimentando placer, sino dolor. Cuando Drew vio porno, se preguntó si las mujeres estaban teniendo relaciones sexuales en contra de su voluntad. Las conversaciones acerca de la anatomía y las muestras falsas de placer le hicieron darse cuenta de que las chicas no siempre responden como lo hacían en el porno y que no siempre querían las mismas cosas. Y los hombres tampoco.

*Maggie Jones es una colaboradora de The New York Times Magazine y es profesora de redacción en el programa MFA de la Universidad de Pittsburgh. Jones ha sido finalista del Premio Nacional para Revistas y profesora en la Universidad de Harvard.
Fotografía: Lightyear

domingo, 28 de enero de 2018

Sábado, el destape erótico

HUBERTO BATIS/CONFABULARIO/ELUNIVERSAL
http://confabulario.eluniversal.com.mx/sabado-el-destape-erotico/
Fotografía: Georgy Chernyadyev
El suplemento sábado del periódico unomásuno, en México, me dio muchas satisfacciones y la oportunidad de presentar temas que no se podían tratar en esos años. Uno de ellos fue El Diván. Debo decir que hubo antecedentes en la prensa erótica de esa época. Uno de ellos era una sección que aparecía en la revista Vea, una revista “para caballeros” que estaba de moda. Ahí aparecían fotografías de mujeres recostadas en el sofá de la redacción. Pero detrás se veía una producción bien planeada. Lo nuestro fue más espontáneo. Ya he contado cómo todo surgió de una coincidencia, pues Claudia Hernández de Valle Arizpe estaba de visita, venía con una minifalda y cuando llegué la vi leyendo el suplemento muy coquetona con la pierna cruzada y le tomé una foto. Después tuvimos la ocurrencia de publicarla con el título Quess who? Luego, todo se salió de control.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Todo mundo quería salir retratado en El Diván, no sólo poetas aparecieron ahí como Carmen Boullosa, Verónica Volkow, Silvia Tomasa Rivera, sino escritores como Arturo Azuela, Fernando Tola de Habich, Raymundo Ramos, Emmanuel Carballo, Alejandro Aura, y muchos otros.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Empezaron a publicarse relatos eróticos y El Diván se convirtió en un imán candente. Esto tuvo mucho éxito entre los lectores, que empezaron a mandar cartas de todo el país. Algunas de ellas se convirtieron en aventuras notables. Una vez me avisaron de la recepción del periódico que venía a buscarme un señor. Cuando lo atendí me dijo: “El Diván me excita, cuando nos llega el periódico a la casa, me aviento el mañanero con mi esposa a toda madre”. Pero esto sólo les había funcionado un tiempo porque después su esposa se puso celosa de las mujeres que aparecían en El Diván. El señor sólo venía a hacerme una petición. Quería que su mujer fuera retratada en el diván. Accedí. Cuando ella llegó, venía sólo con un abrigo. Se descubrió y abajo tenía un baby doll. Por lo que vi, eran grandes lectores y en agradecimiento les dediqué una sesión de fotos. Las mandé a revelar de urgencia, se las regalé para su uso privado y se fueron muy contentos.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Pero así como había lectores muy entusiastas con El Diván, también cosechamos detractores. Hubo algunos divanes que escandalizaron a muchos pacatos. El que causó más irritación fue uno en el que retratamos a unas muchachitas que eran estudiantes de la UNAM. Aparecían dándose un beso. Algunas feministas también se quejaron. Decían que esa sección era reflejo de mi “mente pútrida”. El dibujante Alberto Beltrán, subdirector del periódico El Día decía en referencia a nosotros que “los asquerosos” intelectuales habían metido la pornografía a la cultura.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
/No tardaron en aparecer las cartas desde la Secretaría de Gobernación. Nos decían que la ley prohíbe la publicación de excesos sexuales. Esto lo hacían en referencia a Denisse, un cartón que publicaba Eko, en el que aparecían desnudos con picos, anzuelos, látigos… Fernando Benítez todavía era director del suplemento. La respuesta fue contundente y elegante. En el siguiente número publicamos un detalle de El juicio final, el fresco que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina. Ahí aparece un personaje metiéndole el puño en el culo a otro. Por título le pusimos “La censura”. No insistieron.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Con el tiempo se fue cotizando esta sección y empezaron a acercarse mujeres de la farándula, como Edith González, Patty Manterola, Meche Carreño, Biby Gaytán o Tatiana Woolrich, la novia del Mundial. Unadivanesa célebre fue Mónica Linarte, que ya está en el cielo. A ella le llegué a tomar como 500 fotos que aún conservo.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Biby Gaytán causó sensación entre los escritores. Por su causa vimos un fenómeno pocas veces visto: los poetas empezaron a dedicarle poemas a una estrella de la farándula. El último que había hecho ese numerito fue Rubén Bonifaz Nuño cuando escribió Pulsera para Lucía Méndez. Pero lo que hizo el poeta tapatío Jorge Esquinca también es de antología. Cuentan que cuando llegó al aeropuerto de Villahermosa, se bajó del avión y lo primero que hizo fue besar el suelo, como hizo el papa Juan Pablo II en su primera visita a México. Le preguntaron si era muy católico y Esquinca respondió: “No, es que aquí nació Biby Gaitán”. A los poetas no se les da la precisión y se metieron a un terreno que conozco muy bien. Ella nació en Tapachula. Podríamos decir que soy doctor en Bibygaytanología.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Todas estas experiencias me llevaron a reflexionar sobre el erotismo. Hay quienes no tienen la claridad suficiente para distinguir entre erotismo y pornografía. Para mí –y esto es una percepción que me formé entre los 15 y 20 años de edad, etapa en la que viví enclaustrado en la Compañía de Jesús– el erotismo está estrechamente relacionado con la mística. Tenemos muchos ejemplos, como San Juan de la Cruz y el Cantar de los Cantares. El mundo vive en una especie de patología con todo lo que esté relacionado con el Eros, algo que no existía en el mundo antiguo. Eros es una manifestación divina relacionada con la mística. El Eros del que hablan Aristóteles y Platón, al que han pintado los grandes artistas, no tiene nada que ver con lo enfermo, es una vía mística, una vía corta de acceso al Paraíso.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Algo que deben entender los puritanos es que la pornografía no es más que la sexualidad mezclada con el dinero; en cuanto las imágenes sexuales se convierten en un negocio, se vuelven deleznables, mezquinas, sucias. Para todo lo demás, tenemos al Eros.
Fotografía: Georgy Chernyadyev


lunes, 8 de enero de 2018

Etimología y sexo

Itzel Fernández García/Soy Carmín
https://www.soycarmin.com/sexualidad/Conoce-el-origen-de-algunos-terminos-que-tienen-relacion-con-la-intimidad-20180104-0017.html

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
Como bien sabemos, la etimología es una disciplina que comprende el estudio del origen de las palabras mediante el análisis de su significado, de su estructura, y su evolución diacrónica, es decir, los posibles cambios ocurridos en el transcurso del tiempo. 

Bajo ese tenor, hoy conoceremos un poco más sobre algunas palabras que con frecuencia son empleadas para cuestiones de sexo, así que vamos a ver qué tanto ha cambiado su significado original y si estamos empleando estas palabras de forma adecuada. 

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
FOLLAR: Una de esas palabras misteriosas en cuanto que no se parecen en nada a la expresión utilizada en otras lenguas para denominar al coito. Pues “Follar” proviene de “follis”, “fuelle para el fuego” o “bolsa de cuero”. 

Como explica Joan Corominas en el Breve diccionario etimológico de la lengua española, de ahí evolucionaría a mediados del siglo XVIII en “follar”, con el significado de “soplar con fuelle”, una acción levemente parecida a la del jadeo del acto sexual, por lo que a comienzos del siglo XX comenzaría a utilizarse para denominar el mismo.

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
FORNICAR: Prima hermana de la anterior, proviene de la palabra latina “fornix”, que se utilizaba para designar a las zonas abovedadas o con arcos. ¿Cuál es la relación? Que en ellas era donde solían situarse las prostitutas callejeras de la antigua Roma. Recordemos que el fornicio hace referencia a la cópula carnal, eso sí, fuera del matrimonio.

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
PENE: Esta palabra tiene una larga historia, tiene su origen en el indoeuropeo “pes”. “Penis” no sólo hacía referencia al miembro viril masculino, sino también a los rabos y las colas –no hace falta aclarar por qué–, por lo que también dio lugar a la palabra “pincel”.


Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
TETA: Según la Etimología de las pasiones de Ivonne Bordelois, se trata de un derivado de “thele” (pezón), sólo que repitiendo la primera sílaba, un proceso de reduplicación infantil que también se produce en palabras como “papá”, “mamá” o “tata”.
Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
ORGASMO: Esta palabra evoluciona del griego “orgasmos” (“hinchazón”, “plenitud”), es poco empleada en la Grecia antigua. Derivada de “orgé” (“cólera”), el diccionario etimológico de la Universidad de Salamanca explica que desde sus inicios ya tuvo un matiz claramente sexual, como equivalente de “tener ardor sexual”, “estar en celo” o “estar a punto de fructificar” en el caso de las plantas. 
Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
EYACULACIÓN: Proviene del latín “eiaculari”, que significaba “echar hacia afuera”, y que a su vez se encontraba formada por el prefijo “ex” (hacia afuera) y “iaculum” (dardo). 

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
ERÓTICA: Eros era el Dios del amor griego, el equivalente a Cupido de la mitología romana. El sufijo “ika” significa “relacionado con”, por lo que la palabra se refiere a todo aquello que tiene que ver con dicha divinidad. No obstante, es probable que la palabra “eros”, fuera utilizada en griego para referirse al amor, la pasión o el deseo.
Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
MASTURBACIÓN: Este término aún es discutido, presuntamente se forma a partir de la palabra latina “manus” (“mano”) y “stuprare” (“profanar”), en cuanto que se consideraba un acto carnal impropio, una mala fama que se ha mantenido a lo largo de los siglos. Otra versión asegura que su origen se encuentra en la unión de “mas” (órgano genital masculino) y “turbatio” (“excitación”).

Fotografía: Jos Del Duca; Model: Red Poisonn
KAMASUTRA: El libro indio por excelencia del arte erótico recibe su título de dos palabras sánscritas: “kama” (amor, placer sexual) y “sutra” (“hilo”, “cuerda”, y más tarde, “narración”, “regla”), por lo que se trata de las reglas del amor. 

miércoles, 3 de enero de 2018

Ocho regalos eróticos para sorprender a tu pareja en Reyes

Rita Abundancia/S Moda/El País
https://smoda.elpais.com/placeres/sexo/regalos-eroticos/
Fotografía: EGOR DEMIDOV
Queridos Reyes Magos:

Habréis comprobado que últimamente abrazo, cada vez más, la filosofía del minimalismo, del vivir con poco y del gastar lo menos posible. En parte por la crisis, los mini pisos –en los que no cabe nada–, la conciencia medioambiental y, ¡por qué no decirlo!, una cierta inquietud espiritual que busca la felicidad fuera de los bienes materiales. ¡Dejemos esos para los políticos, banqueros y multimillonarios y condenémosles a un malestar eterno!

Imagino ya la sonrisa que se dibuja en tu boca pensando que te voy a salir barata este año. Y ciertamente, me he propuesto buscar más las sensaciones y menos las pertenencias. Pero, como tú ya sabes, algunas experiencias necesitan de un poco de apoyo material, un empuje corpóreo para nacer a este mundo y expandirse. Y en el campo del sexo esta afirmación tiene más razón que un santo. Así que necesito algunos útiles para llevar a acabo mi proyecto. Abajo, adjunto una lista de cosas que me harían muy feliz y no solo a mí, sino a los que están a mi alrededor. Porque compartir es otra de mis resoluciones para el año que empieza.

Sabes también que he sido muy buena durante todo el 2017 pero en el 2018 las cosas van a ser distintas, ya que voy a poner en práctica la sabiduría de la gran Mae West, “cuando soy buena, soy muy buena, pero cuando soy mala soy mucho mejor”.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
1. Juguetes eróticos, los amantes electrónicos

Las que anden en busca de nuevas sensaciones, deben probar sin más tardar Sona, de Lelo (69 euros), un estimulador de clítoris a base de ondas de sonido, que inicia una nueva era de vibradores sónicos que dará mucho que hablar. Las ondas que emite Sona no solo llegan a la parte del clítoris que podemos ver y tocar sino a todo este órgano; que como sabemos es similar a un iceberg y muestra al exterior solo una pequeña parte de sí mismo. Un accesorio a probar por las clitorianas con la garantía de la marca Lelo: silicona médica, 100% sumergible, recargable y uno de los más silenciosos del mercado.

Para las amantes de la penetración, Stronic G, de Fun Factory (159,90 €), es lo más parecido que hay en el mundo de la juguetería erótica a un empotrador; ya que el aparatito imita las embestidas que el hombre realiza durante el coito. Stronic es tan inteligente, que él mismo se va abriendo paso, poco a poco, incansablemente, llueva, truene o esté en medio de una ciclogénesis explosiva. De seguir perfeccionando tanto estos amantes tecnológicos, llegará un día en que echemos de menos los gatillazos.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
2. Lencería sexy, feminista y libre de explotación laboral

Existen marcas de lencería para las que el buen diseño no es suficiente. Pretenden ser elaboradas desde el concepto de ‘sexy’ que tienen las mujeres y no los hombres (que están más interesados en quitarlas que en admirarlas) y además, sin explotación laboral. De nada sirve empoderar a las mujeres del primer mundo si para eso hay que esclavizar a las de los países pobres. Muchas de estas marcas se proponen no usar el Photoshop, realizar prendas para todas las tallas y edades y no comprimir ni apuntalar el cuerpo femenino, sino más bien abrazarlo.

Neon Moon es una de las firmas pioneras; Toru & Naoko es la creación de una argentina afincada en Chile y elabora lencería hecha a mano, y la neozelandesa Lonely está empeñada en demostrar que existe un camino intermedio –sexy, cómodo y atrevido– entre los desfiles de Victoria’s Secret y la ropa interior de una octogenaria. Todas venden online y creen que el mejor momento del día de una mujer no debería ser cuando llega a casa después del trabajo y se quita el sujetador.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
3. Un poco de porno, pero del bueno

Hace poco que acaba de salir al mercado XConfessions Vol. 11, un pack con seis historias rodadas por diferentes directoras pero producidas todas por Erika Lust (16,90 euros). Las ideas para realizar estos guiones salen, como en todos los volúmenes anteriores, de fantasías sexuales de personas anónimas, que las comparten en la web de Erika, Xconfessions.com. Algunas de las historias de esta nueva entrega incluyen una relación lésbica en un club de Berlín, otra cuyo protagonista es la técnica japonesa del Shibari o una novela romántica que se hace realidad.

La productora Blue Artichoke Films, creada por la directora porno norteamericana Jennifer Lyon Bell, presume de “hacer películas eróticas para gente a la que le gusta el cine”. Su gift set para estas Navidades se compone de tres películas, todas ellas premiadas, al precio de 59,95 euros. Silver Shoes, se centra en la erótica de lo que vestimos o calzamos, algo así como sexo y moda; en Matinée, una pareja de actores que interpreta a unos enamorados cada noche recupera su propia vida sexual y Skin. Like. Sun narra las peripecias sexuales de un hombre y una mujer en su casa de Bruselas, en una tarde soleada, lo que no debe ser muy frecuente por allí.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
4. Arte subido de tono

Obsessionart.com es una galería de arte online centrada en el erotismo, donde se pueden comprar pinturas, fotografías, grabados, litografías y series de trabajos de artistas de todo el mundo. La web está muy bien diseñada y ordena sus productos según las más variadas categorías: orientación de género, fetiches (tacones, ataduras, medias), estilos (realismo, abstracto, pin-ups, gótico, vintage) o fantasías, entre otros muchos apartados. Con lo que si uno tiene claras sus preferencias, decidirse no llevará demasiado tiempo. Los precios varían, pero hay cosas interesantes desde 27 euros.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
5. Libros, la cultura del sexo

En Historia de la sexualidad 1: La voluntad de saber (Siglo XXI), su autor, Michel Foucault, pretende aclarar cuáles fueron las relaciones históricas entre el poder y el discurso que forjaron el modelo de sexualidad que todavía impera y nos afecta. Así, este autor se plantea muchas preguntas del millón como, por ejemplo, ¿por qué el estado ejerce de administrador de los cuerpos?, o ¿por qué todavía hoy hay tantas reglas, normas y discursos sobre el sexo?

Para entender nuevas tendencias, como el poliamor, El amor libre. Eros y anarquía de Osvaldo Baigorra (Gebara) es un buen punto de partida. Durante mucho tiempo este término hizo alusión al amor fuera de las uniones civiles o religiosas, que marcaba la sociedad. Hoy el concepto se reescribe, aunque hunde sus raíces en una ideología político-social y libertaria.

El sexo que queremos las mujeres. Y cómo disfrutarlo, de Carme Sánchez Martín (Lectio), es un práctico manual en el que no abundan las teorías o los estudios científicos, sino la experiencia y trayectoria de 20 años de consulta y terapia sexual de su autora, psicóloga y sexóloga. Aquí se proponen recetas prácticas como solitarios sexuales, deseo activo, la metáfora del aeropuerto, polvos con nombres de ciudades, sexo de pasillo o mantener correspondencia con la propia vagina o el clítoris.

Para los que entiendan el inglés; dos libros interesantes aún no editadas en castellano, son The Explorer’s Guide to Planet Orgasm: for every body, de Annie Sprinkle. Como su título sugiere, un fascinante tratado sobre el clímax, sus variantes y cómo llegar hasta él y The Ultimate Guide to Solo Sex, de Jenny Block, para practicar cuando se está sin pareja.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
6. Juegos eróticos de mesa

La versión sexual del parchís, las damas o el Monopoli puede, a priori, parecer una memez pero también es una forma de recuperar los juegos sexuales (en parejas que han estado tiempo en dique seco) o de descubrir aspectos que se desconocen del nuevo partenaire (en relaciones con poco recorrido). Y como ocurre con los juegos de mesa, tal vez al principio den un poco de pereza pero una vez metidos en harina siempre se pasa un rato divertido.

Monogamy (30,18 euros) es perfecto para parejas con poco tiempo de convivencia. Aquí en las casillas ponen cosas como caricias, besos, quitarse alguna prenda o revelar algo de ti mismo. Pero además, el juego cuenta con tres niveles y 50 escenarios distintos, así que da para mucho. El portal de productos eróticos diversual.com ofrece otras opciones como Creative Kisses (12,70 euros), donde practicar 101 formas diferentes de besar; Hump El juego (13,80 euros), con preguntas y pruebas que decidirán quién es el experto en esta materia o Sexo en el mundo, (20,40 euros) para aprender sobre la sexualidad en otras culturas y coger ideas.

Los que sepan inglés, pueden comprar en la web del Museum of Sex de Nueva York, más conocido como el Mosex, el juego 100 Questions about sex (14,95 dólares) para jugar entre amigos, con tres categorías X, XX y XXX.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
7. Una noche en un hotel sexy

Que el sexo en hoteles es mejor, nadie lo duda; pero si además esos lugares están especialmente concebidos para el desmadre o la lujuria, entonces la experiencia puede pasar a la historia.

Existe ya una nueva categoría de hoteles sexys concebidos especialmente para llegar y colgar el cartel de ‘no molesten’. En Madrid, el Hotel Loob está pensado para amantes y cuenta con recepción automática 24 horas, sillones ergonómicos, jacuzzis o piscinas privadas. Seven Hotel París, ofrece habitaciones como la Suite Cabaret, con barra de pool dance y todo; o la Suite Agent Secret, que es como entrar en una película de James Bond de los años 60. El Pelirocco, en Brighton (Reino Unido), ofrece decorados vintage con tapizados de leopardo y cuenta con un paquete especial para parejas con masaje, botella de champán y desayuno en la cama.

Fotografía: EGOR DEMIDOV
8. Una tarde en un spa privado

¡Cuántas veces hemos deseado estar en un jacuzzi, una piscina o incluso una sauna con la única compañía de otro/a de nuestro agrado! Bali Spirit, en Barcelona, es un spa con salas privadas para parejas y paquetes que incluyen masajes relajantes, exfoliaciones corporales, bienvenidas con lluvias de flores y la posibilidad de reservar la sala por más tiempo para una cena romántica.

En la capital, Auditorium Spa cuenta también con planes para dos. Uno de los más sugerentes es el jacuzzi privado con botella de cava, bombones y masaje (95 euros), en el que las burbujas juegan un papel primordial.
Fotografía: EGOR DEMIDOV

Fotografía: EGOR DEMIDOV