domingo, 20 de mayo de 2018

“Diablo Guardián”, la serie: cómo banalizar un buen libro

Fotografía: Stilbruch Photography
DAVID TOVILLA
El 4 de mayo se estrenó la serie Diablo Guardián, basada en el exitoso libro del escritor mexicano Xavier Velasco. La plataforma de salida es Prime Video, un nuevo servicio de audiovisuales bajo demanda en México. El primer capítulo puede verse de manera gratuita; los siguientes requieren pago.
Diablo Guardián es un clásico contemporáneo. Por lo tanto, generó expectativa y los empresarios no tuvieron duda en ser su carta de presentación para su ingreso al país. Sabían que la serie de referentes culturales incluidos en la novela conectaría con públicos diversos.
Fotografía: Stilbruch Photography
Pudieron hacer un buen producto, equilibrado, que recuperara la riqueza vital del texto de Velasco, sobre la que se montan las anécdotas: el lenguaje. Sin embargo, éste está ausente. Es como acudir a un jaripeo sui géneris en donde se han eliminan los potros o novillos y sólo los jinetes se presentan al espectáculo. Eso sería, desde cualquier ángulo, un engaño.
Del mismo modo, la serie estrenada ha minimizado la columna vertebral de la obra: la destreza verbal para describir, calificar, situar cada acontecimiento. Le han despojado de su esencia para reducirla a una suma de acciones contenidas en el libro. Este trabajo sólo presenta a una muchachilla insatisfecha con su situación que escapa de su casa con un dinero y vive de todo a partir de un viaje a los Estados Unidos. Así, sin más. Fiel a su soporte, es una serie de acción con escenas de sexo y drogas. Es todo. Es necesario decirlo porque va a pasar a la historia como un de los mejores ejemplos de cómo banalizar un extraordinario libro.
Fotografía: Stilbruch Photography
Así, es necesario orientar: si se quiere ver la serie, véase como una de tantas que tiene algo de conexión con nombres, personajes y momentos del libro de Xavier Velasco. Pero nada tiene que ver con ese monumento literario llamado Diablo Guardián cuya lectura es, ahora, mucho más obligada por esta trivialización que le han hecho.
El personaje femenino central del libro, Violetta, no es lo que hace. Violetta es a través de sus actos pero con sus giros lingüísticos, su concepción inmediatista de la vida, su desparpajo e irreverencia: “Una mujer se vuelve mágica cuando las circunstancias la obligan a hacer magia”, “Sólo hay algo mejor que gastar el dinero: contarlo. Porque sólo lo gastas una vez, pero puedes contarlo todas las que quieras, y decir: Es mío”, “Los senos son como el dinero, ninguno acepta que los necesita pero ninguno deja de pensar en ellos. Una mujer con el escote en su lugar tiene todas las armas para mover al mundo”, “Si vendes ilusiones consigues lo que quieras, la onda es que dejes al cliente contento”, “Hay cosas que no dices nunca, ni frente al puro espejo, ni a solas, ni a oscuras”. Violetta sin esos razonamientos, motivaciones, sentido práctico y circunstancial, no es ella. Es una chica de aventuras intensas y ya. La serie, se insiste, es lo que se limitó a presentar.
Fotografía: Stilbruch Photography
El libro Diablo Guardián gusta, provoca, cuestiona, ironiza, expone a través de la narración en primera persona de una chica que resuelve cada día del modo que se le presenta. Violetta es un personaje imborrable tras la lectura del volumen. Se queda con sus momentos de alegría, frustraciones, explicaciones, inocencias, audacias, prejuicios. Desde la primera persona, no deja elemento suelto de sí, su pensamiento, origen, motivos, repercusiones de todas sus acciones. Toda la novela es humor, revisión solaz, agudeza. El autor hace lo que los artesanos en esos barquitos encerrados en una botella de cristal para apreciarlos en todas sus partes. Ahí están: las frustraciones, el bajo nivel educativo, el nulo consumo cultural, la aspiración al dinero fácil, las actitudes compulsivas y la negativa a la previsión, el cultivo de las apariencias, el engaño de ser lo que no, el disfraz en sustitución de un verdadero cambio, los corrupción como hábito social. El ingenio de Velasco es decirlo desde la literatura, sin el menor asomo de otras disciplinas, con una excepcional elaboración de un idiolecto o forma única de hablar para Violetta.
La serie con el título Diablo Guardián, con dificultad, puede verse hasta el cuarto capítulo. Limitada a una serie de anécdotas termina por ser una de ellas, en su irrelevancia. No hay que perder el tiempo: mejor debe leerse o releerse la novela.
Fotografía: Stilbruch Photography

martes, 17 de abril de 2018

David Tovilla, maestro en el arte del erotismo

Rafael Gómez Chi/POR ESTO!

El erotismo nunca ha sido una mera expresión de la sexualidad. Reducirlo a ello sería como negar nuestro propio devenir histórico y apagarnos, volvernos minerales, hierros, piedras, objetos, cosas. Por fortuna, la literatura se ha encargado de presentarnos autores que, como David Tovilla, nos digan que sentimos, que amamos, que deseamos, que estamos más que vivos.
Tovilla (Huixtla, Chiapas) ha dedicado gran parte de su obra a narrar el erotismo. Pero no sólo a ello, sino a sentirlo y a transmitirlo. Y así ha sido en dos de sus libros que el cronista conoció esta semana. Se trata de Imágenes voluptuosas y de Bragadicto.

Fotografía: Fepo Aponte
En el primero desmenuza, con su particular visión, diez obras de la cinematografía mundial que van desde la mítica Emmanuelle hasta Ojos bien cerrados, pasando por El último tango en París, inefable filme de Bernardo Bertolucci.
Fotografía: Fepo Aponte
Y en el segundo nos ofrece una serie de relatos de un adicto a las bragas. Un amante de esos que ya no se ven o se ven muy poco, aquellos que valoran la sexualidad y el erotismo como el ars amattoria, la llama doble de Paz o los inenarrables deseos de El Amadís de Gaula o la voluptuosidad de Fonchito al desear a su madrastra.

Fotografía: Fepo Aponte
El cronista, lector empedernido, ha dado con autores con técnica, estilo, una buena escritura, pero nada más. Tovilla, en cambio, sencillo, sin arrebatos lingüísticos que extravían en los recovecos de la falsa cultura, transporta al lector a ese sitio en el que solamente habitan aquellos que no precisan de un separador.
Y miren que es muy hábil porque para darnos dos libritos con tipografías lamentables, poco llamativas, hace que concluyamos con avidez.

Suculentos bocados
Fotografía: Fepo Aponte
Primero las películas. Se nota que Tovilla las ha visto, quién sabe con qué fines, más de una vez, porque no te las cuenta ni te las explica ni realiza una hermenéutica de los filmes. Simple y sencillamente miras cómo los protagonistas cogen. Cogen y punto. El imperio de los sentidos, Crash, Atame, Romance, Historia de O, Maîtrese y Garganta profunda se revelan como si los miraras en la pantalla grande, porque no se preocupa por detallarnos lo que los directores pretendieron decirnos, sino que simplemente nos las propone como suculentos bocados que no debemos perdernos.

Fotografía: Fepo Aponte
No es un voyeur ni un pervertido que se asoma a la sala a masturbarse. Tovilla sabe lo que dice y lo que plantea es que también el cine erótico sirve para reflexionar sobre el comportamiento humano, desde lo más bajo hasta lo sublime. No toca fibras para compadecernos, ni tampoco se proyecta como un hombre traumado, sino como un sujeto que nos recuerda la importancia de una sexualidad bien llevada y para eso recurre al cine, porque no hay historias que lleguen a las masas como el séptimo arte.

Fotografía: Fepo Aponte
Y, por otra parte, en Bragadicto tampoco es un simple revisionista que intenta impactar al más incauto con relatos de sexo. No estamos ante un tipo de esos que busca en el sexo un escape a sus frustraciones ni a sus deseos más escondidos. Al menos no se ve eso en su literatura. Y qué bueno, porque la escritura no consiste en ocultar lo que somos o describir lo que no somos. De lo contrario, eso no sería arte, ni siquiera una aproximación.

Fotografía: Fepo Aponte
Es claro que Tovilla tiene formación, estilo, carácter, técnica. No en balde es Licenciado en Letras Latinoamericanas y maestro en Periodismo Digital. Y tampoco en broma consiguió en 1996 el Premio Nacional de Literatura Erótica en la rama de narrativa, en el concurso “Ojos y tactos” organizado por la Asociación de Artistas Plásticos de México.

Ha publicado quince libros y, en el 2013, fue incluido en la antología “Retales eróticos”, publicada en Málaga, España. Y, para fortuna nuestra, ahora vive en Mérida. Ojalá que el calor estival de las lajas del Mayab también lo inspiren.
Fotografía: Fepo Aponte


martes, 20 de marzo de 2018

Muñecas sexuales con inteligencia artificial

Pablo Ximénez De Sandoval/El País
https://elpais.com/tecnologia/2018/03/18/actualidad/1521391744_498617.html

Fotografía: Stilbruch Photography
En una especie de gran refugio bajo tierra sin ventanas, decenas de vaginas de goma están apiladas en cajas, clasificadas según la forma de los labios. Más allá, hay pechos y pezones, divididos por tamaño y color. Cuerpos desnudos, todos diferentes pero con la misma pose sugerente, cuelgan de cadenas enganchadas a los cuellos sin cabeza. Quizá no es el mejor sitio para quedarse encerrado por la noche, pero es un lugar perfecto para ponerse a hablar del futuro de la humanidad.

El lugar está en un suburbio de San Marcos, cerca de San Diego, California. La empresa se llama Abyss y aquí se fabrican las muñecas sexuales más realistas anatómicamente del mundo, según sus responsables. De cerca, los ojos pintados a mano tienen un realismo sorprendente. El tacto, sin dejar de ser goma, es suave y poroso. Se comercializan bajo el nombre de RealDoll y cuestan entre 4.000 y 8.000 dólares dependiendo del nivel de personalización. Hay versiones masculinas. Este lugar no es una fábrica. Es un taller artesano donde los productos se hacen uno a uno por encargo y se envían a clientes de todo el mundo, incluido Hollywood. “Tenemos desde el cliente que te dice ‘hazme algo bonito’ hasta el que quiere el pezón de un determinado tono y 45 grados hacia afuera de la teta”, explica Michael Wilson, jefe de producto.

Fotografía: Stilbruch Photography
Matt McMullen, máximo responsable de Abyss, lleva en este negocio dos décadas. Empezó en su garaje haciendo maniquíes realistas porque pensaba que le interesaría a la industria de la moda. “Entonces empezó a contactarme gente para preguntarme si los maniquíes eran anatómicamente correctos. Decidí que esa era la dirección del negocio. Deje mi trabajo y monté mi empresa”. Con RealDoll, McMullen se ha hecho un nombre muy conocido en el mundo de los juguetes sexuales. Él los llama acompañantes. Y ahora se ha propuesto darles personalidad, “crear la ilusión de la vida”.

En el taller de McMullen hay una muñeca que no se parece a las demás. Le salen cables por el cuello y está conectada a un iPad. Es la nueva muñeca Harmony, el primer producto de este tipo equipado con inteligencia artificial. Mueve las cejas, la boca, mira y gira la cabeza. Pero la novedad está en el cerebro, una aplicación en la que el usuario podrá programar qué tipo de personalidad quiere para la muñeca. A través de la inteligencia artificial, Harmony irá conversando y aprendiendo sobre los gustos del usuario. “Vamos a darle al cliente herramientas para crear su propio personaje”. La cabeza Harmony costará 8.000 dólares y se puede montar sobre cualquier cuerpo de RealDoll.

Fotografía: Stilbruch Photography
Vivimos ya en la era de la inteligencia artificial. Desde la red social que sabe lo que nos gusta ver por las mañanas hasta el servicio de streaming que anticipa qué película nos apetece ver. “Creo que la inteligencia artificial es lo más importante en lo que ha trabajado la humanidad, creo que es más profundo que la electricidad o el fuego”, dijo en Davos el pasado 24 de enero Sundar Pichai, presidente ejecutivo de Google. Según Pichai, los riesgos de la inteligencia artificial son “importantes”, hasta el punto de que hace falta una conferencia internacional sobre el asunto al estilo del Acuerdo de París contra el cambio climático.

Proyectos como el de McMullen pueden ser una anécdota en la evolución de los servicios de inteligencia artificial, o pueden ser uno de esos momentos que recordaremos como el principio de algo. Los primeros robots sexuales. Robots no en el sentido de la articulación, eso ya llegará, sino de su capacidad de interactuar con humanos, responder a sus estímulos y aprender de ellos. La muñeca sexual puede parecer una aplicación estrafalaria de la inteligencia artificial, pero al fin y al cabo estamos hablando de las necesidades más básicas del ser humano, del origen de frustraciones, satisfacciones y obsesiones muy complejas, en las que las máquinas nunca han tenido nada que decir. ¿Qué aplicación de la inteligencia artificial es más estimulante? ¿Mejorar el tráfico urbano? ¿O ayudar contra la soledad y la tristeza? ¿Puede una máquina hacer eso? McMullen asegura que sí.

Fotografía: Stilbruch Photography
“Todo lo que hacemos es pensando en ayudar a alguien, en algún sitio”, afirma McMullen. “Es más profundo de lo que la gente piensa. No es pornográfico. Yo quiero hacer arte, me da igual si es una vagina o un pene”. La muñeca inteligente “será útil para gente que no tiene conexiones con la sociedad o que no es capaz de hacer esas conexiones”. Así es como ve su producto. “He conocido a muchos de mis clientes, que me han contado la relación que tienen con las muñecas y he visto que es más que un juguete sexual. Es como una terapia contra la soledad. Tengo cartas de gente que me cuentan que la muñeca les ha dado una vida mejor”.

Pero el debate que abren los robots de compañía es muy particular. “Veo un futuro en que podrás comprar un robot sexual y configurarlo en casa como quieras”, dice por teléfono Vic Grout, profesor y autor especializado en el futuro de los ordenadores. Existe todo un mundo de asociaciones y publicaciones dedicado al debate sobre los robots sexuales en el que Grout ha escrito sobre sus consecuencias éticas. El primer problema que ve Grout es la personalización. “La preocupación más obvia es que se hagan niños. Hay negociantes sin escrúpulos que ya hacen muñecas sexuales infantiles. ¿Qué es lo que estamos dispuestos a aceptar como sociedad? Por ejemplo, podemos aceptar que estaría bien recrear a una pareja muerta. ¿Por qué no una persona viva?”.

Fotografía: Stilbruch Photography
En el caso de Abyss, McMullen explica que se niegan a aceptar encargos de muñecas que se parecen a alguien. Tienen modelos de estrellas porno famosas como Stormy Daniels, pero para ello han licenciado su imagen. Para reproducir a una persona real el cliente debería llevar un permiso expreso de esa persona, y aun así se lo pensarían, afirman. “A veces la gente pide una muñeca azul, con orejas de elfo, cosas de fantasía”, explica McMullen. Eso lo hacen. “Una vez un cliente nos pidió que hiciéramos una muñeca cubierta de pelo de arriba abajo, como un licántropo. No lo hicimos”. Afirma que el 1% de los clientes son “raros”. “Lo normal es que alguien encuentre lo que busca”. Obviamente, no pueden saber si las peticiones específicas de una muñeca son para que se parezca a una persona real. Pero si la muñeca es por encargo al 100% se puede tardar hasta un año en hacerla y cuesta unos 50.000 dólares, lo cual viene a ser disuasorio.

“Puedo aceptar argumentos legítimos de que tiene una parte buena”, continúa Vic Grout, “en términos de ayudar contra la soledad”. “Te va a permitir experimentar en tu casa con tus propios límites. Puede ser bueno en un sentido que des salida a cosas que no puedes hacer en el mundo real”. Pero al mismo tiempo puede derivar en dependencia. “Sabemos, desde el Tamagochi, lo fácil que es para los humanos hacerse adictos a la tecnología. Si se expande a los robots sexuales tenemos problemas. Igual que hay adictos a la pornografía, el potencial para la adicción al robot y para la psicosis es muy real”. Por último, alerta del concepto perverso del sexo que puede provocar en algunas personas. “El sexo no es algo que una persona le hace a otra. Tiene que haber reciprocidad. El robot sexual sale de una caja. Te vas a acostumbrar a que haga y diga lo que quieras y eso no es el mundo real”, apunta Grout. “Hay que reconocer que este es un terreno desconocido y peligroso que no sabemos dónde nos lleva”.

Fotografía: Stilbruch Photography
 El mercado no va a esperar la respuesta. La idea está ahí, la tecnología existe y ya hay alguien haciéndolo. Abyss tiene previsto empezar a despachar pedidos antes de esta primavera. Las primeras experiencias de usuario empezarán entonces a alimentar y dar forma a la aplicación de inteligencia artificial. Una versión masculina del robot está en preparación. “Tengo tanta gente que quiere invertir que no puedo llevar la cuenta”, asegura McMullen. “Hasta la gente a la que le asusta, secretamente quiere ver cómo funciona”. Las muñecas sexuales inteligentes son una realidad y nos encontraremos con una tarde o temprano, sin saber aún cuál es su sitio en la sociedad. “Los humanos pueden vivir con robots y aceptarlos como algo más que muñecos. Van a ser parte de nuestras vidas, nos guste o no”.

Fotografía: Stilbruch Photography

miércoles, 14 de marzo de 2018

Es hora de que hagamos pornografía responsable

Stoya/New York Times
https://www.nytimes.com/es/2018/03/08/opinion-stoya-pornografia-buena/?rref=collection%2Fsectioncollection%2Fnyt-es

Fotografía: Kris Rodammer
En 2006, cuando consideré por primera vez la posibilidad de actuar en videos porno hard-core, también pensé en qué tipo de puertas profesionales se cerrarían cuando tuviera sexo frente a una cámara. Obvio no podría ser maestra, pero no me preocupé porque no quería la responsabilidad de moldear las mentes de jóvenes estudiantes.

Pero gracias a la falta educación sexual y al acceso al porno que puede tener cualquier persona con una conexión a internet, me tocó esa responsabilidad de todos modos. A veces no me deja dormir… pero hago lo mejor que puedo.

La pornografía no pretende ser un programa de educación sexual. Tampoco dictar cuáles deben ser las prácticas sexuales o convertirse en un manual de uso. Aunque algunas pornógrafas, como Nina Hartley y Jessica Drake, sí crean contenido educativo explícito, la pornografía principalmente es entretenimiento para adultos.

Fotografía: Kris Rodammer
Sin embargo, vivimos un momento en el que la industria vuelve a estar bajo escrutinio. Se nos ha dicho que la pornografía está deformando la manera en que la juventud, en especial los hombres jóvenes, piensa en el sexo, de formas que pueden llegar a ser peligrosas (en febrero, la legislatura de Florida votó para declarar que la pornografía era un riesgo para la salud pública e incluso insinuó que las personas como yo y las “de mi tipo” éramos más preocupantes que un rifle AR-15, y se rehusó a considerar una prohibición de las ventas de armas de asalto).

Me dedico a la creación y difusión de buena pornografía, aunque no puedo asegurar aún exactamente qué implica eso o cómo se percibe. No tenemos una definición clara de qué es la pornografía, mucho menos un consenso de qué la hacebuena o ética. Y pareciera que limitar la manera en que se presentan la sexualidad y las interacciones sexuales es como una caja de Pandora que no quisiéramos abrir: ¿qué derecho tenemos de dictar la forma en que los actores adultos tienen sexo entre ellos —o qué es bueno y normal—, más allá de que se requiera que sea consensuado?

Fotografía: Kris Rodammer
No obstante, durante años, algunos pornógrafos han tomado medidas para intentar reducir el daño potencial del porno en los jóvenes (y los adultos). Una de las formas que hemos probado es poner nuestro trabajo en el contexto adecuado.

El contexto le recuerda a la gente todas las cosas que no ven en el producto final. Enfatiza que la pornografía es una actuación y que, del mismo modo que sucede en el ballet o en la lucha libre profesional, estamos participando en un espectáculo.

Shine Louise Houston, cuya productora se dedica a la pornografía queer, transmite en vivo el detrás de cámaras en el set, con lo cual permite que la audiencia vea cómo se hace en verdad la pornografía. Yo también siempre he intentado dar al menos un mínimo de contexto para mi trabajo explícito, por medio de publicaciones en un blog y en copias promocionales.

Fotografía: Kris Rodammer
Muchos otros actores y directores tienen blogs o escriben artículos en los cuales discuten las escenas que disfrutaron particularmente hacer o en cuáles sets les gustó estar, y por lo general permiten que los curiosos echen un vistazo detrás de la cortina metafórica. Algunos, como Tyler Knight, Asa Akira, Christy Canyon, Annie Sprinkle y Danny Wylde, han escrito autobiografías.

Cuando el público tiene acceso al contenido, puede vernos discutir nuestros límites, hablar sobre las revisiones que nos hacemos relacionadas con las infecciones de transmisión sexual y charlar sobre cómo elegimos a nuestras parejas. En algunas ocasiones, incluso pueden ver las decisiones que tomamos para navegar por la turbia intersección del capitalismo, la publicidad y la sexualidad.

Fotografía: Kris Rodammer
Sin embargo, este contexto suele perderse y quedar fuera de la ecuación cuando un trabajo es robado y subido a uno de los muchos sitios gratuitos que ofrecen materiales sin exigir un pago. En estos sitios se ve la mayor parte de la pornografía en línea y no solicitan una tarjeta de crédito, con lo cual facilitan que los menores vean porno. Por lo tanto, los problemas que conlleva el porno son inseparables de la manera en que se distribuye.

Su distribución también da forma al tipo de porno de más rápido acceso para los adolescentes. Es usual que escuche cómo se difama la pornografía con el argumento de que solo se hace para satisfacer a los hombres. Esa afirmación no es justa: la mayoría de la pornografía heterosexual sirve para satisfacer a un tipo de hombre, sí, pero ignorar el resto perjudica a los pornógrafos que durante décadas han creado trabajos desde la mirada femenina, o para la mirada femenina.

Candida Royalle fundó Femme Productions en 1984 y Femme Distribution en 1986. Ovidie y Erika Lust han creado pornografía dirigida a mujeres desde hace más de diez años. Por supuesto que su trabajo tampoco es el tipo de contenido que se encuentra con facilidad en los sitios gratuitos. Sin embargo, también hay muchos hombres que disfrutan este tipo de trabajos, al igual que hay algunas mujeres que les gusta ver a rubias oxigenadas de rodillas.

Fotografía: Kris Rodammer
El sexo y las fantasías sexuales son complicados. Una buena parte de tener sexo que es emocionalmente más seguro depende de conocer y prestar atención a tu pareja. En la industria, podemos agregar contexto a nuestro trabajo, pero no sé si, al final del día, para todo lo que implica ser un medio de entretenimiento, sea posible demostrar de forma regular conceptos tan intangibles como estos. No podemos depender de la pornografía para enseñar empatía, la capacidad de leer el lenguaje corporal o cómo discutir los límites sexuales, en especial cuando hablamos de jóvenes que nunca han tenido sexo.

El porno nunca será un remplazo de la educación sexual.

Sin embargo, el porno tampoco va a desaparecer. Esto quiere decir que debemos tomar una decisión. Podemos ignorar la realidad o podemos —además de impulsar que los jóvenes tengan otra vez verdaderas clases sobre sexo— enfrentar el trabajo de comprender el alcance que tiene el porno, evaluar qué está funcionando y qué podemos juzgar como bueno en términos de calidad para intentar construir una mejor industria y un entendimiento cultural del sexo. Yo escojo intentarlo.
Fotografía: Kris Rodammer

jueves, 15 de febrero de 2018

Aprender de la pornografía

Maggie Jones/The New York Times

https://www.nytimes.com/es/2018/02/11/lo-que-los-adolescentes-aprenden-de-la-pornografia/?em_pos=small&emc=edit_bn_20180212&nl=boletin&nl_art=2&nlid=83105185&ref=headline&te=1

Fotografía: Lightyear
Drew tenía 8 años y estaba cambiando los canales en su casa cuando se encontró con el programa Girls Gone Wild. Unos años más tarde se topó con el porno blando de la programación nocturna de HBO. Luego, en secundaria, encontró sitios pornográficos que podía ver desde su teléfono móvil. Los videos eran buenos para tener orgasmos, dijo, pero también le daban ideas de posiciones sexuales para poner en práctica con sus futuras novias. De la pornografía aprendió que los hombres deben ser musculosos y dominantes en la cama, y hacer cosas como darle vuelta a las chicas y ponerlas bocabajo durante el sexo. Las chicas gimen mucho y las excita prácticamente todo lo que hace un chico seguro de sí mismo.

Sin embargo, en el bachillerato, a Drew, estudiante de cuadro de honor que ama el béisbol, escribe canciones de rap y aún confía en su madre, comenzó a preocuparle que la pornografía influyera en su percepción de las chicas de la escuela. ¿Sus senos serían como los que veía en la pornografía? ¿Las chicas lo mirarían como lo hacían las mujeres de las películas al tener sexo? ¿Le harían sexo oral y todas las otras cosas que veía?

Fotografía: Lightyear
Drew, quien me pidió que usara uno de sus sobrenombres, estaba en bachillerato cuando lo conocí a finales de 2016 y me contó parte de todo esto una tarde de jueves, mientras nos encontrábamos en un pequeño salón de conferencias con muchos otros alumnos, esperando a que comenzara un curso extracurricular. Junto a Drew estaba Q, quien me pidió que lo identificara por la inicial de su apodo. Tenía 15 años, era buen estudiante, fanático del béisbol y también se sentía bastante desorientado sobre la forma en que la pornografía se traducía a la vida real. Según me contó a lo largo de varias conversaciones, no solo la pornografía lo confundía, sino también las imágenes violentas en Snapchat, Facebook y otras redes sociales. Como el gif que vio en el que un hombre empuja a una mujer contra la pared y en el que una chica comentó: “Quiero un hombre así”.

Recostado en su silla, Drew dijo que le parecía que las chicas buscan a un rufián en lugar de a un chico inteligente y sensible. Pero ¿realmente lo desean? ¿Era una pose? ¿Las chicas creían que eso era lo que debían desear? Ninguno de los dos sabía. A unos cuantos asientos de distancia, un estudiante de segundo año que había permanecido en silencio hasta ese momento agregó que quizá las chicas tampoco lo sabían. “Creo que las redes sociales hacen creer a las mujeres que desean algo”, dijo, aclarando que no había visto pornografía más que algunas veces y no le agradaba. “Pero creo que algunas chicas están asustadas”.

Fotografía: Lightyear
Q había oído hablar acerca de la importancia del sexo consensuado, pero sonaba bastante abstracto y no parecía que siempre fuera a ser algo realista al calor del momento. ¿Acaso tenía que preguntar repentinamente: “¿Puedo jalarte el cabello?”? ¿O podía intentar hacer algo y ver la respuesta de la chica? Tenía claro que había algunas cosas “muy importantes como los juguetes sexuales o el sexo anal” que no intentaría sin antes preguntar.

“Yo simplemente lo haría”, dijo otro chico que vestía pantalones de mezclilla y sudadera. Cuando le pregunté a qué se refería, respondió que al sexo anal. Suponía que a las chicas les gusta porque así es con las mujeres del porno.

Los jóvenes comenzaron a recoger sus mochilas para dirigirse a la clase conocida como Alfabetización Porno. Este curso, cuyo nombre oficial es “La verdad acerca de la pornografía: programa educativo de alfabetización porno para estudiantes de bachillerato diseñado para reducir la violencia sexual y en el noviazgo”, es un agregado reciente a Start Strong, un programa de liderazgo entre pares dirigido a alumnos residentes del extremo sur de Boston y financiado por la agencia de salud pública de la ciudad. Alrededor de dos decenas de estudiantes de bachillerato seleccionados previamente asisten cada año y la mayoría son estudiantes afroestadounidenses o latinos, junto con algunos asiáticos de las secundarias públicas de Boston y unos cuantos colegios religiosos. Durante gran parte del año, los adolescentes aprenden acerca de las relaciones sanas, los noviazgos violentos y temas relacionados con la comunidad LGBT, a menudo mediante debates grupales, juegos de rol y otros ejercicios.

Fotografía: Lightyear
Pero durante aproximadamente dos horas a la semana, durante cinco semanas, los estudiantes (de todos los niveles) forman parte de la Alfabetización Porno, cuyo propósito es convertirlos en consumidores de pornografía más sabios y críticos al analizar cómo la pornografía retrata el género, la sexualidad, la agresión, el consentimiento, las razas, el sexo homosexual, las relaciones y la imagen corporal (o, en el caso del consentimiento, analizar su ausencia).

Cuando los chicos ven pornografía por primera vez lo hacen en promedio a los 13 años, mientras que las chicas lo hacen a los 14, de acuerdo con Bryant Paul, profesor adjunto de la Facultad de Comunicación de la Universidad de Indiana y autor de estudios acerca del contenido pornográfico y los hábitos de visualización de adolescentes y adultos.

El programa de Alfabetización Porno, que comenzó en 2016 y es el foco de un estudio piloto, fue creado en parte por Emily Rothman, profesora adjunta de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Boston, quien ha dirigido muchos estudios acerca de la violencia durante el noviazgo, así como del uso de la pornografía en adolescentes. Rothman me comentó que el plan de estudios no está diseñado para asustar a los jóvenes haciéndoles creer que la pornografía es adictiva o que arruinará sus vidas y sus relaciones, además de pervertir su libido, sino que está centrado en el hecho de que la mayoría de los adolescentes sí ven pornografía y adopta el enfoque de que enseñarles a analizar su mensaje es mucho más efectivo que solo desear que nuestros hijos vivan en un mundo sin porno.

Fotografía: Lightyear
Imagina que tienes 14 años en la actualidad. Un amigo podría enseñarte un video porno de corta duración en su teléfono durante el viaje en autobús a la escuela o luego de un partido de futbol. Un gif pornográfico aparece en Snapchat. Al igual que la mayoría de los adolescentes de 14 años, no has tenido experiencias sexuales, pero sientes curiosidad, así que comienzas a buscar y aterrizas en uno de los muchos sitios porno que funcionan como YouTube. Los sitios tradicionales no verifican tu edad y tu teléfono te permite ver pornografía lejos de la mirada escrutadora de los adultos. Si todavía tienes filtros de control parental, muy probablemente has encontrado la manera de evitarlos.

Además, hay muchas probabilidades de que tus padres no crean que mires pornografía. Los análisis preliminares de la información de una encuesta que la Universidad de Indiana realizó en 2016 a más de 600 pares de niños y sus padres, revela una brecha de ingenuidad de los padres: solo la mitad de los padres de los jóvenes cuyas edades oscilaban entre los 14 y los 18 años pensaban que habían mirado pornografía, cuando todos ellos lo habían hecho.

Es difícil saber si esto influye en la conducta y cómo lo hace. Aunque algunos estudios muestran que un número reducido de estudiantes que mira más pornografía se involucra en relaciones sexuales a una edad más temprana, además de cumplir con estereotipos de género y tener relaciones sexuales menos afectuosas que sus pares, estos descubrimientos solo demuestran una correlación y no una causa y efecto. No obstante, las encuestas sí sugieren que el tipo de relaciones sexuales que tienen algunos adolescentes podría estar cambiando.

Fotografía: Lightyear
El porcentaje de mujeres cuyas edades oscilan entre los 18 y los 24 años que afirmó haber intentado el sexo anal se elevó al 40 por ciento en 2009, en comparación con el 16 por ciento que se registró en 1992, de acuerdo con la encuesta sobre conducta sexual más grande realizada en décadas en Estados Unidos, en coautoría con Debby Herbenick, profesora de la Facultad de Salud Pública de la Universidad de Indiana y directora del Centro para la Promoción de la Salud Sexual de la universidad.

Y en un estudio sueco de 2016 donde participaron alrededor de 400 niñas de 16 años, el porcentaje de chicas que intentaba el sexo anal se duplicaba si miraban pornografía. Al igual que otros estudios acerca del sexo y el porno, solo demostró una correlación, pero no tienes que creer que la pornografía es el origen de las agresiones sexuales o que está creando una generación de hombres despiadados para preguntarte si el porno contribuye a moldear cómo hablan y piensan los adolescentes respecto del sexo y, por extensión, cuáles son sus ideas acerca de la masculinidad, la feminidad, la intimidad y el poder.

Fotografía: Lightyear
En el transcurso del año en el que hablé con decenas de adolescentes mayores en Start Strong y en todo el país, muchos señalaron que tanto los medios pornográficos como los tradicionales mostraban el sexo anal y el sexo rudo casi como un lugar común. Drew me dijo que tenía la impresión de que las chicas querían que las dominaran, no solo a partir de su lectura de Cincuenta sombras de Grey, sino también por haber visto la película Sr. y Sra. Smith, con Brad Pitt y Angelina Jolie. “Ella está sobre la mesa mientras él le da empellones. Es todo lo que he visto al crecer”.

Estas imágenes confunden a muchos adolescentes respecto al tipo de sexo que desean o que piensan que deberían tener. Eso se debe en parte a que no siempre están seguros de lo que es falso y lo que es real en la pornografía. En una encuesta de 2016, realizada a mil jóvenes del Reino Unido cuyas edades oscilan entre los 11 y los 16 años, de casi la mitad de los jóvenes que había visto pornografía, el 53 por ciento de los chicos y el 39 por ciento de las chicas la calificó de “realista”. En un estudio reciente hecho a nivel nacional por la Universidad de Indiana, solo uno de cada seis chicos y una de cada cuatro chicas creía que las mujeres en el porno en internet no experimentaban placer real.

Fotografía: Lightyear
Así que no sorprende el hecho de que algunos adolescentes utilicen el porno como guía práctica. “No hay otro lugar para aprender acerca del sexo”, me dijo un chico. “Y las estrellas porno saben lo que hacen”.

Una tarde de jueves, una decena de adolescentes se sentó formando un semicírculo. Era la tercera semana de Alfabetización Porno y ya todos conocían las reglas: no necesitas haber visto pornografía para asistir, no menosprecies la sexualidad o las preferencias sexuales de un estudiante y evita compartir historias sexuales personales en clase. Nicole Daley y Jess Alder, quienes redactaron el plan de estudios junto con Emily Rothman, dirigieron gran parte de los ejercicios y debates.

En la primera clase, Daley dirigió un ejercicio en el que el grupo definía términos del porno como B. D. S. M. (prácticas sexuales que incluyen bondage, disciplina, dominación, sumisión y sadomasoquismo), kink (prácticas no convencionales), softcore (porno blando), hardcore (porno duro), de manera que, como ella expresó, “todos estuvieran en la misma página” y “pudieran evitar dar clic en cosas que no quieren ver”.

Fotografía: Lightyear
Los estudiantes también votaron sobre los valores: si estaban de acuerdo o no con que la edad legal para ver pornografía fuera de 18 años, si trabajar en la industria pornográfica era una forma de ganar dinero y si la pornografía debería ser ilegal. Más tarde, Daley mostró imágenes de una chica pin-up de la década de los cuarenta, de una geisha y de Kim Kardashian para hablar de la forma en que los valores culturales relacionados con la belleza y el cuerpo cambian a lo largo del tiempo. En las siguientes clases hablaron de los tipos de intimidad que no se muestran en la pornografía y de los diálogos de conquista que no son sexistas. En la tercera semana de clases, el objetivo de Daley era debilitar la fascinación de los adolescentes por el porno al exponer los puntos débiles del negocio. “Cuando comprendes que no se trata solo de dos personas en la pantalla, sino de toda una industria”, dijo, “ya no es tan sexi”.

Para ello, Daley comenzó la clase detallando el salario de una actriz femenina de nivel medio (dato extraído del documental del 2008 The Price of Pleasure): “Sexo oral: 300 dólares”, leyó Daley de la lista. “Sexo anal: 1000 dólares. Penetración doble: 1200 dólares. Sexo grupal: 1300 dólares con tres hombres. Y 100 dólares por cada hombre adicional”.

Fotografía: Lightyear
“Caray”, murmuró Drew. “Ahora es repugnante”.

“Eso no es nada por dejar que te penetren frente a una cámara”, dijo otro chico.

Entonces, como si se les hubiera dado luz verde para preguntarlo todo acerca del mundo que los adultos muy pocas veces reconocían, comenzaron a bombardear con preguntas a Daley, Rothman y Alder.

“¿Cuánto les pagan a los hombres?”, preguntó una chica. Esta es una de las pocas profesiones en las que los hombres reciben menos remuneración, explicó Rothman, pero por lo general tienen trayectorias más largas. ¿Cuánto tiempo mantienen su trabajo las mujeres? En promedio de seis a 18 meses. ¿Cómo logran tener una erección los hombres si no están excitados? A menudo usan Viagra, respondió Rothman, y en ocasiones un estimulador humano que no aparece a cuadro.

Fotografía: Lightyear
A continuación, Daley detalló un estudio de 2010 que codificaba incidentes de violencia en los videos porno más vendidos de 2004 y 2005. Señaló que el 88 por ciento de las escenas mostraba una agresión física o verbal, en su mayoría nalgadas, bofetadas y amordazamiento. Un análisis de contenido más reciente de más de 6000 escenas porno de sexo heterosexual en sitios tradicionales en línea, realizado por Bryant Paul y sus colegas, definió la agresión como específicamente cualquier acción intencional que pareciera ocasionar un daño físico o psicológico a otra persona y reveló que el 33 por ciento de las escenas cumplían con ese criterio. En cada estudio, en el 90 por ciento de las ocasiones las mujeres eran el objeto de la agresión.

“¿Ustedes creen que ver pornografía genera violencia hacia la mujer?”, preguntó Daley, de pie frente a los estudiantes. “Aquí no hay respuestas correctas o incorrectas; se trata de un debate”.

Fotografía: Lightyear
Kyrah, una feminista de bachillerato con un cuerpo de atleta y una tendencia a decir lo que piensa, no dudó. “En la pornografía le dan cierto glamur a llamarle a una mujer ‘zorra’ o ‘puta’ y los chicos creen que de eso se trata. O como cuando aparecen esas extrañas escenas en las que la mujer dice: ‘Deja de tocarme’, ¡y termina disfrutándolo!”.

“Sí y no”, interrumpió un chico. “Cuando un hombre asfixia a una mujer en el porno, la gente sabe que no es real y no se supone que deban hacerlo, porque es violencia”. Se trataba del mismo adolescente que me dijo que simplemente “haría” sexo anal sin preguntarle a la chica, porque las mujeres en el porno lo disfrutan.

Fotografía: Lightyear
En un estudio de 2014 en el Reino Unido acerca del sexo anal y los adolescentes, las chicas mostraron una falta de disposición sexual y experimentaron dolor físico. En la encuesta, de los 130 adolescentes heterosexuales cuyas edades oscilan entre los 16 y los 18 años, estos a menudo afirmaron creer que el porno era un factor de motivación para que los hombres desearan practicar el sexo anal. Y entre los chicos que dijeron haberlo probado, muchos señalaron que lo habían hecho porque sus amigos los alentaron o porque creían estar compitiendo con otros. Al mismo tiempo, la mayoría de las chicas que había intentado practicar el sexo anal dijo que en realidad no deseaba hacerlo; sus parejas las convencieron o coaccionaron. Algunos varones intentaron la estrategia “intentar y ver”, como lo llamaron los investigadores, que consiste en tratar de meter el dedo o el pene en el ano de una chica esperando que no los detenga. En ocasiones, afirmó un adolescente, “simplemente sigues haciéndolo hasta que se cansa y te deja hacerlo de cualquier modo”. Tanto ellos como ellas culparon a las chicas del dolor que sintieron durante el sexo anal y algunos adolescentes les comentaron a los investigadores que las chicas necesitaban “relajarse” más o “acostumbrarse”. Solo una chica y unos cuantos chicos dijeron haberlo disfrutado.

Aunque sepas que el porno no es real, establece expectativas, afirmó un estudiante de último año. En la pornografía, continuó, “no hay ropa, la chica le hace sexo oral a él, él se excita y comienza a tener sexo con ella. Todo es muy sencillo y está bien iluminado”.

Fotografía: Lightyear
Un miércoles por la tarde pasé dos horas en Start Strong con una chica de último año que tomó la primera clase de Alfabetización Porno en el verano de 2016. Al hacer un recuento de los últimos años de secundaria y bachillerato, A —quien me pidió que la identificara por la inicial de su segundo nombre— dijo que le habría gustado tener un lugar (en casa, escuela, o un programa comunitario de educación sexual) para aprender acerca del sexo. En lugar de eso, había aprendido al respecto a través de la pornografía. La primera vez que la vio fue por accidente, luego de que un grupo de chicos la convenciera de ver tube8.com, que ella no sabía que era un sitio porno. Estaba fascinada: jamás había visto un pene, “ni siquiera un dibujo, nada”. Los padres de A, a quienes describe como conservadores en ese tema, no le habían hablado acerca de la anatomía femenina o del sexo, y en su escuela no había educación sexual antes del primer año de bachillerato; incluso cuando llega a ese grado, las clases se centran en los peligros: las enfermedades de transmisión sexual y los embarazos.

Pocas clases de educación sexual en secundaria y bachillerato abordan en detalle la anatomía (en especial la femenina), la intimidad, las relaciones sanas y la diversidad sexual. Es aún más raro que se hable del deseo femenino y el placer. La pornografía le enseñó a A los aspectos básicos de la masturbación. Y el porno le sirvió de guía de estudio cuando cumplió 16 años y fue la primera de sus amigas en tener relaciones sexuales.

Fotografía: Lightyear
Sin embargo, lo que aprendió del porno también tenía sus inconvenientes. Puesto que asumió que el placer de las mujeres en el porno era real, cuando tuvo su primer coito y no experimentó un orgasmo, creyó que era normal.

La educación porno es un territorio tan nuevo que nadie conoce las mejores prácticas, qué material debe incluirse y dónde debe enseñarse. Hace muchos años, L. Kris Gowen, educadora sexual y autora del libro Sexual Decisions: The Ultimate Teen Guide, publicado en 2017, escribió minuciosas pautas para enseñar a los adolescentes a ser críticos ante los “medios sexualmente explícitos” (evitó el término “alfabetización porno”, que es más provocativo). Aunque las pautas se han difundido en conferencias educativas y están disponibles para el público, Gowen no conoce a ningún educador que haya aplicado el método.

Las pautas más recientes de la oficina europea de la Organización Mundial de la Salud señalan que los educadores deben incluir debates acerca de la influencia de la pornografía en la sexualidad, iniciando a finales de la educación primaria y durante toda la secundaria y el bachillerato. Sin embargo, las pautas no ofrecen ideas específicas respecto de cómo sostener dichas conversaciones.

Fotografía: Lightyear
Más de trescientas escuelas, grupos comunitarios y de jóvenes, así como agencias gubernamentales en Australia y Nueva Zelanda utilizan un recurso de educación porno llamado “In the Picture” (En el panorama), que incluye estadísticas, estudios y ejercicios dirigidos principalmente a adolescentes. Fue creado por Maree Crabb, una experta en violencia sexual y educación porno, quien reside cerca de Melbourne, Australia. Tal como lo describió durante un programa de capacitación en Estados Unidos para educadores y trabajadores sociales al que asistí en 2016: “Queremos ser positivos en lo que respecta al sexo y a la masturbación, y críticos ante la pornografía”. A menudo, la alfabetización porno se olvida de un componente crucial del programa: ofrecer capacitación que ayude a los padres a comprender estos temas y hablar de ellos.

El año pasado, una productora porno feminista, Erika Lust, en reunión con educadores sexuales, creó un sitio web de educación porno para padres. The Porn Conversation contiene enlaces a investigaciones y artículos que ofrecen consejos útiles para padres, incluyendo hablar con los niños acerca de las formas en las que la pornografía tradicional no representa los cuerpos comunes o el sexo que resulta satisfactorio para ambas partes, así como evitar lanzar preguntas acusatorias como por qué miran pornografía o quién se la mostró. “Nosotros ponemos en sus manos la tecnología, así que debemos enseñarles a usarla”, dijo Lust, cuyas películas muestran el placer centrado en la mujer. Pero ella va más allá y sugiere a los padres de hijos en secundaria y bachillerato hablar con ellos acerca del “porno saludable”, que según dice, muestra el deseo y el placer femenino y que está realizado en condiciones de trabajo equitativas. “Sentimos mucha curiosidad sobre el sexo. ‘¿Está bien que me guste esto o aquello?’. Creo que la pornografía es buena como medio de escape. No me asusta el sexo explícito en sí mismo. Me asusta la escasez de valores”.

Fotografía: Lightyear
Al Vernacchio, un educador sexual de renombre en Estados Unidos que enseña educación sexual progresista en un colegio privado en las afueras de Filadelfia, cree que la mejor solución es hacer de la alfabetización porno parte de una educación sexual integral que abarque más aspectos.

Con el fin de preparar a sus estudiantes para sentirse cómodos y ser respetuosos en situaciones sexuales, Vernacchio les muestra fotografías de genitales a sus alumnos, no solo dibujos. “Muchas personas tienen relaciones sexuales con personas de verdad, no con estrellas del porno, y los cuerpos reales varían mucho. Prefiero que mis alumnos tengan la oportunidad de hacer preguntas o de confundirse o incluso reírse en mi salón de clase en lugar de hacerlo al ver el cuerpo desnudo de su pareja por primera vez”. Él, junto con Debby Herbenick, de la Universidad de Indiana, respalda la idea de que los adolescentes deben comprender que la mayoría de las mujeres no tienen orgasmos con solo la penetración y que la estimulación del clítoris a menudo requiere de sexo oral, del uso de los dedos y juguetes sexuales: “Es parte de la vida del ser humano y la enseñamos de forma inteligente y sensible”, dice.

Fotografía: Lightyear
Un año después de terminar el curso de Alfabetización Porno, los estudiantes de las primeras generaciones aún recordaban algunas cosas. En entrevistas a las primeras tres generaciones, un tercio de los estudiantes afirmó estar dispuesto a hacer cosas vistas en la pornografía si su pareja se las pidiera. Muchos también querían intentar cosas que vieron en el porno. Después de todo, eran adolescentes normales, con curiosidad sexual, que estaban experimentando. Pero un número muy reducido de estudiantes estuvo de acuerdo en la encuesta posterior al curso con que “a mucha gente le gusta que la abofeteen, la nalgueen o le jalen el cabello durante el sexo”, en comparación con el 27 por ciento que lo creía al inicio del curso. Y, aunque al inicio, el 45 por ciento dijo que la pornografía era una manera adecuada de que los jóvenes aprendieran acerca del sexo, ahora solo el 18 por ciento estaba de acuerdo. Al final del curso nadie dijo que la pornografía era realista; solo una cuarta parte lo creía al inicio. La encuesta no reveló el catalizador de los cambios. ¿Había sido el plan de estudios? ¿Se debía al estilo de enseñanza de Daley y Alder? Es posible que los estudiantes generaran los cambios solos, aprendiendo unos de otros en los debates y las conversaciones.

A, la jovencita que dijo que jamás había visto la imagen de un pene hasta que vio una película porno, se resistió a aceptar que es absolutamente nocivo para los adolescentes. “Al menos están viendo pornografía y no yendo a que las dejen embarazadas”, explicó. Pero hace poco me dijo que había dejado de mirar pornografía del todo. Ahora le disgustaba ver la expresión de las mujeres, pues creía que muy probablemente no estaban experimentando placer, sino dolor. Cuando Drew vio porno, se preguntó si las mujeres estaban teniendo relaciones sexuales en contra de su voluntad. Las conversaciones acerca de la anatomía y las muestras falsas de placer le hicieron darse cuenta de que las chicas no siempre responden como lo hacían en el porno y que no siempre querían las mismas cosas. Y los hombres tampoco.

*Maggie Jones es una colaboradora de The New York Times Magazine y es profesora de redacción en el programa MFA de la Universidad de Pittsburgh. Jones ha sido finalista del Premio Nacional para Revistas y profesora en la Universidad de Harvard.
Fotografía: Lightyear

domingo, 28 de enero de 2018

Sábado, el destape erótico

HUBERTO BATIS/CONFABULARIO/ELUNIVERSAL
http://confabulario.eluniversal.com.mx/sabado-el-destape-erotico/
Fotografía: Georgy Chernyadyev
El suplemento sábado del periódico unomásuno, en México, me dio muchas satisfacciones y la oportunidad de presentar temas que no se podían tratar en esos años. Uno de ellos fue El Diván. Debo decir que hubo antecedentes en la prensa erótica de esa época. Uno de ellos era una sección que aparecía en la revista Vea, una revista “para caballeros” que estaba de moda. Ahí aparecían fotografías de mujeres recostadas en el sofá de la redacción. Pero detrás se veía una producción bien planeada. Lo nuestro fue más espontáneo. Ya he contado cómo todo surgió de una coincidencia, pues Claudia Hernández de Valle Arizpe estaba de visita, venía con una minifalda y cuando llegué la vi leyendo el suplemento muy coquetona con la pierna cruzada y le tomé una foto. Después tuvimos la ocurrencia de publicarla con el título Quess who? Luego, todo se salió de control.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Todo mundo quería salir retratado en El Diván, no sólo poetas aparecieron ahí como Carmen Boullosa, Verónica Volkow, Silvia Tomasa Rivera, sino escritores como Arturo Azuela, Fernando Tola de Habich, Raymundo Ramos, Emmanuel Carballo, Alejandro Aura, y muchos otros.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Empezaron a publicarse relatos eróticos y El Diván se convirtió en un imán candente. Esto tuvo mucho éxito entre los lectores, que empezaron a mandar cartas de todo el país. Algunas de ellas se convirtieron en aventuras notables. Una vez me avisaron de la recepción del periódico que venía a buscarme un señor. Cuando lo atendí me dijo: “El Diván me excita, cuando nos llega el periódico a la casa, me aviento el mañanero con mi esposa a toda madre”. Pero esto sólo les había funcionado un tiempo porque después su esposa se puso celosa de las mujeres que aparecían en El Diván. El señor sólo venía a hacerme una petición. Quería que su mujer fuera retratada en el diván. Accedí. Cuando ella llegó, venía sólo con un abrigo. Se descubrió y abajo tenía un baby doll. Por lo que vi, eran grandes lectores y en agradecimiento les dediqué una sesión de fotos. Las mandé a revelar de urgencia, se las regalé para su uso privado y se fueron muy contentos.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Pero así como había lectores muy entusiastas con El Diván, también cosechamos detractores. Hubo algunos divanes que escandalizaron a muchos pacatos. El que causó más irritación fue uno en el que retratamos a unas muchachitas que eran estudiantes de la UNAM. Aparecían dándose un beso. Algunas feministas también se quejaron. Decían que esa sección era reflejo de mi “mente pútrida”. El dibujante Alberto Beltrán, subdirector del periódico El Día decía en referencia a nosotros que “los asquerosos” intelectuales habían metido la pornografía a la cultura.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
/No tardaron en aparecer las cartas desde la Secretaría de Gobernación. Nos decían que la ley prohíbe la publicación de excesos sexuales. Esto lo hacían en referencia a Denisse, un cartón que publicaba Eko, en el que aparecían desnudos con picos, anzuelos, látigos… Fernando Benítez todavía era director del suplemento. La respuesta fue contundente y elegante. En el siguiente número publicamos un detalle de El juicio final, el fresco que Miguel Ángel pintó en la Capilla Sixtina. Ahí aparece un personaje metiéndole el puño en el culo a otro. Por título le pusimos “La censura”. No insistieron.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Con el tiempo se fue cotizando esta sección y empezaron a acercarse mujeres de la farándula, como Edith González, Patty Manterola, Meche Carreño, Biby Gaytán o Tatiana Woolrich, la novia del Mundial. Unadivanesa célebre fue Mónica Linarte, que ya está en el cielo. A ella le llegué a tomar como 500 fotos que aún conservo.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Biby Gaytán causó sensación entre los escritores. Por su causa vimos un fenómeno pocas veces visto: los poetas empezaron a dedicarle poemas a una estrella de la farándula. El último que había hecho ese numerito fue Rubén Bonifaz Nuño cuando escribió Pulsera para Lucía Méndez. Pero lo que hizo el poeta tapatío Jorge Esquinca también es de antología. Cuentan que cuando llegó al aeropuerto de Villahermosa, se bajó del avión y lo primero que hizo fue besar el suelo, como hizo el papa Juan Pablo II en su primera visita a México. Le preguntaron si era muy católico y Esquinca respondió: “No, es que aquí nació Biby Gaitán”. A los poetas no se les da la precisión y se metieron a un terreno que conozco muy bien. Ella nació en Tapachula. Podríamos decir que soy doctor en Bibygaytanología.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Todas estas experiencias me llevaron a reflexionar sobre el erotismo. Hay quienes no tienen la claridad suficiente para distinguir entre erotismo y pornografía. Para mí –y esto es una percepción que me formé entre los 15 y 20 años de edad, etapa en la que viví enclaustrado en la Compañía de Jesús– el erotismo está estrechamente relacionado con la mística. Tenemos muchos ejemplos, como San Juan de la Cruz y el Cantar de los Cantares. El mundo vive en una especie de patología con todo lo que esté relacionado con el Eros, algo que no existía en el mundo antiguo. Eros es una manifestación divina relacionada con la mística. El Eros del que hablan Aristóteles y Platón, al que han pintado los grandes artistas, no tiene nada que ver con lo enfermo, es una vía mística, una vía corta de acceso al Paraíso.
Fotografía: Georgy Chernyadyev
Algo que deben entender los puritanos es que la pornografía no es más que la sexualidad mezclada con el dinero; en cuanto las imágenes sexuales se convierten en un negocio, se vuelven deleznables, mezquinas, sucias. Para todo lo demás, tenemos al Eros.
Fotografía: Georgy Chernyadyev